Mamá en la Oficina

Te quejas. Pero te gusta.

Conflictos internos de una mamá tiempo completo.

Es martes, son las 11:20 am, tengo un montón de trabajo y bullets en mi lista de cosas por hacer. Pero me pongo a escribir en mi blog (#procrastinaciónalmango). Trabajo a tiempo completo y, a menudo, horas extras. Además, me despierto en las noches cuando mi hija llora (ya no pasa siempre, pero pasa. pasó ayer y pasó hoy). Soy también la que se despierta un poco más temprano para cubrir mi rutina de ejercicios, bañarme, cambiarme, preparar el desayuno, sentarme con ella a desayunar, dejarla en el nido e ir a trabajar. La que llega “tarde” – y la que se va temprano! para hacerlo todo al revés: recogerla del nido y preparar la cena para sentarnos en familia, los tres, a contarnos nuestros días (las mejores historias suelen venir del nido).

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Al nido, ¡salga sol o llueva!

Las tardes son más tranquilas. Ver tele, llevarla a dormir, y depende del día, seguir trabajando en lo que no tuve tiempo de terminar. Porque me es imposible sentarme frente a la computadora antes de las 9am, o después de las 5pm cuando hay una niña que necesita de mí (de 6 a 8 se cierra el kiosko).

Y acá es cuando vienen las voces del conflicto y la igualdad: ¿pero por qué tu marido no te ayuda? ¿por qué lo haces todo tú? Bueno, bueno, no se estresen. Tampoco es todo. ES MUCHO. Pero no es todo. Y la respuesta es simple:

<< PORQUE QUIERO >>

Yo podría ser la mamá ejecutiva que se sienta en la oficina desde las 7, la que contesta llamadas a la hora de la cena o está viendo sus correos mientras su hija se demora diez mil horas en tragarse ese pedazo de pollo (PASA, y en verdad te pican los dedos).

También podría quedarme en la oficina, mientras el esposo buenpadre lee los cuentos, y yo llegaría, con suerte, a darle el beso de las buenas noches. Luego cenaríamos solo los dos, él me contará qué hizo Mucita en el nido y yo le contaré de mis logros laborales (Mucita 1 – 0 Mu).

<< PERO NO QUIERO >>

¡Y CANSA! Claro que cansa querer hacerlo todo, claro que pierdo la paciencia en las mañanas cuando el cepillo de dientes se convierte en un cohete espacial y hay que colectar todos los juguetes que queremos llevar ese día al nido. Claro que levanto la voz cuando ya llevamos 45 minutos en la mesa porque aún vamos en el segundo bocado. Pero tengo tiempo de abrazarla. 

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Lo eres todo.

Mi trabajo me da la flexibilidad que necesito (yanoyá sería no tener ese horario nocturno de 8-11pm tantos días a la semana). Quien no me da flexibilidad es el ojo crítico de la mujer que me dice que delegue a mi hija como si fuera otro de mis bullets en mi lista de cosas que hacer. Le llaman feminismo, pero yo creo que hemos confundido las cosas.

La próxima semana me voy de viaje por 4 días. Ya mi esposo se levantará en las noches si es necesario, hará lo que yo hago el resto de días. Yo viajo seguido, él no tanto. Esos días me visto de ejecutiva full time, los otros días, prefiero ser madre tiempo completo.

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Cuando quien la despierta somos Pedro y yo (y esta imagen también me mata de amor)
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ser mamá

Es una edad maravillosa

Los tres años. Una edad maravillosa.

Te hablan. Te dicen qué les duele, qué sienten, si están bien o mal. Te cuentan de su día en el nido/guardería/ocomolollamen. Te cuentan que Menganito hoy la empujó en la arena, y que ella se cayó, pero no lloré mamá, le dije que eso no se hace. ¿Le dijiste “eso no se hace, menganito?”, no madre (porque así me dice: “MADRE”), le dije solo “eso no se hace”. Hablamos. Somos compinches. Es una edad maravillosa.

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Quieren ser independientes. “Yo puedo sola” aparece en una de cada tres frases que dice. Además, quieren, de pronto – y cuando les conviene- ser dueños de su vida – y de lo que hacen, visten, comen y de lo que se compras en el supermercado. Te dicen “NO” como si su vida dependiese de ellos (O sí cuando querías que te digan que no). ¡Ya son independientes! y no tienes que mirarlos todo el tiempo, pero tienes que mirarlos todo el tiempo. Es una edad maravillosa.

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Empiezan a tener amigos. Socializan. Y de verdad – no como su mami en facebook e instagram. Sus amigos lo son todo en la vida. Pero… pero, de pronto: “yo no como zanahorias porque Fulanita no come zanahorias”, o… “no voy a dormir todavía porque Sultanito no está durmiendo”. ¡Y CÓMO SABES! (No saben. Se inventan.) ¿Y puede Fulanita venir a mi casa? La vida social empieza (y ay de si les dices que no pueden!), las agendas más llenas que  las de su MADRE. Te vuelves chofer, chaperona, cocinera y payaso de circo. Y LO SABEN. Es una edad maravillosa.

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Tres años, Mucita. Me haces reír. ES UNA EDAD MARAVILLOSA, y me encanta vivirla contigo aunque haya días, como hoy, donde estoy súper cansada. Pero siempre encontramos fuerza (o nos la inventamos), cosita bonita, porque es una edad maravillosa.

 

Vacaciones con niños

NZ Puede Esperar – Vacaciones en NL

Pasada la angustia y pasada la rabia por el pasaporte perdido, y luego de que Air NZ nos confirmara que pondría nuestros pasajes “on hold” durante un año, fuimos en busca de un plan B. Luego de tres semanas muy intensas, sentía que las vacaciones, cualquier tipo de vacaciones, era lo que mi cuerpo necesitaba: tiempo con mi hija, con mi esposo y conmigo misma.

Y nos fuimos a Breda.

O más específicamente, a Oosterhout.

O incluso más específico: al Kaatjeskelder

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A una hora y media en auto, no más lejos de lo que te queda la casa en Asia los fines de semana en verano, llegamos cerca de la frontera de Holanda con Bélgica. Nuestro destino, el “vakantiepark” (parque de vacaciones) Katjeskelder, un equivalente a lo que fueran la combinación del Bosque, la Cantuta y las cabañas del Kentucky de mi niñez: bungalows cómodamente amoblados, parques con toboganes, piscina, un minimarket para los poco preparados (nosotros), restaurante con buffet y un hombre (o mujer) disfrazado de conejo, con su banda de bailarines que todos los días a las 17hr en punto ponía a los niños a bailar frente a la terraza del restaurant (la excusa perfecta para tomarse la primera cerveza de la tarde).

Nueva Zelanda tuvo que esperar, y esta semana con mi familia era justo lo que necesitaba. Tardes de milanesas con papas fritas, mañanas en el tobogán, sobre mesas jugando memoria (la emoción de mi hija cuando encontraba un par, no se aguantaba y nos decía dónde estaba cuando era nuestro turno), y si no fuera por el café terrible que nunca nos quedaba bien, un win total.

El plus – a que no sabías que podías irte de safari sin pasaporte?

Muy cerca de Katjeskelder teníamos Beekse Bergen. Un parque grandazo con un pedazo que puedes recorrer en tu propio auto y ver los animales. Juro haber visto leopardos cruzar entre los autos y estuvimos como 15 minutos en “el tráfico” para ver si las jirafas se animaban a darnos un besito. Pero los pesados de adelante se llevaron todo el show.

Y qué hemos aprendido?

Pues a poner todas las marcas de seguridad al enviar un sobre con mi pasaporte via DHL (si es que eso hubiese hecho la diferencia), y solo por si acaso, utilizar un centro de envío normal y no un auto-servicio hasta que no mejoren su tecnología (si es que eso hubiese hecho la diferencia).

También a que se pueden hacer vacaciones diferentes sin necesidad de un pasaporte. Admito que por vivir afuera, normalmente nuestras vacaciones equivalen a “volver a casa”, normalmente Lima pero a veces también Nueva Zelanda, pero ya es hora de darle una oportunidad a lo que tenemos cerca.

Y como plus, también aprendimos a equiparnos más antes de ir a estos vakantieparks: traer toallas, sábanas, el neceser bien completo, los básicos de la cocina, y así para ahorrarnos más euritos. #YLS

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Levántate, Mu

A mí normalmente me va bien. Claro que la vida no es de rosa, pero trato igual de darle buena cara. Trato. Me gusta pensar que soy la del vaso lleno, la optimista, la positiva, la que sonríe y se ríe último. La de la perspectiva “podría ser peor, hay que sentirnos agradecidos por lo que tenemos”, y la filósofa “todo pasa por algo”.

Pero a veces… a veces las cosas ocurren todas juntas… o pasa una cosa que es muy intensa, o pasa algo en el momento más inoportuno…

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y me quiebro.

COMO POR EJEMPLO CUANDO DHL PIERDE MI PASAPORTE A DOS SEMANAS DE MIS VACACIONES CON LOS PASAJES PAGADOS DE 1.300 EUROS X 3.

Y esto en la misma semana que ando con mil deadlines, al lado de mil compromisos sociales y no tengo tiempo ni de sonreir.

Se me vacía el vaso.

Y necesito un abrazo.

*cruzando los dedos y, como dijo mi hermana, rezándole a Dios (al de verdad y al de la bruocracia) de que encuentren mi sobrecito*

Mamá de Vacaciones, ser mamá, Uncategorized

Con una rubia en el avión (versión 3 años)

Le temía.

O vaya que le temía.

Recordaba aquellos vuelos interminables que me vieron caminar ida y vuelta por las 62/63 filas en el vuelo de Amsterdam a Lima pues mi hija no sabía que hacer con su vida (no la culpo, la verdad es que yo tampoco). Recordaba además que mi esposo, aunque no mucho, sí ayudaba y pensaba (y sufría pensando) en que en este vuelo no lo tendría de apoyo. Me armaba de valor (y de galletitas), de coraje (y de películas en el iPad), de pañitos húmedos (y de stickers) pues no había de otra: le temía.

Así fueron los preparativos a mi vuelo. Ya no más con la pequeña de año y medio sino con mi “niña grande”, como dice ella, a punto de cumplir 3 años.

Y qué hemos aprendido?

  • Que Schiphol es un aeropuertazo – este no lo conocía, pues mi yo antipáticamente saludable nunca quiso doblar hacia el lado del mc donalds, pero como estábamos con harto tiempo, decidimos caminar. Y mira:

¡Un pequeño parque de diversiones! mesas alrededor para no perder de vista a los chiquis y todo el patio de comidas alrededor. Ahí se nos fueron como 30 minutos (como quien la cansa un poco). Ya saben #tip si un día están de visita por Amsterdam. Esto es pasando seguridad.

  • Que #malquebien a los 3 años ya ven televisión (sobre todo si es frozen). Y así fue como Mucita dejó a mamá ver dos películas en el avión. ¡Dos! (cuando volé sola vi cuatro, o sea que sé que se puede más, pero esto es suficiente).

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  • Que los asientos delanteros te dan espacio para tus pies y tus cosas, pero no son lo mejor para tu chiqui de 2-3 años si quiren dormir pues los brazos no se levantan!

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Mi pobre chiqui trataba de echarse acurrucada en un pequeño asiento y cada vez que se acomodaba se caía. De regreso estos sitios estaban disponibles pero lección aprendida:

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  • Y finalmente, que mi hija es una campeona viajando (y por si acaso, toco madera pues en un mes se nos viene un vuelo aún más largo del que ya les contaré).

Finalmente, quisiera agradecer a KLM porque sus paquetitos para niños son geniales. Mucita feliz con su tarjeta de viaje, y el juego de memoria que le tocó (ya reconoce China!). Además que en el vuelo de regreso no se repitó y ya tenemos un Michi para jugar en el avión. No quisiera agradecerle a la chica mala onda que me tocó en el vuelo de ida. No toleró una sola “patada” de mi hija (estabe estirando sus piernitas) y hasta OSÓ sacudirse el pantalón como si las medias de mi hija tuvieran barro. Finalmente me cambié de sitio para yo tenerla al lado, y nunca nunca me cedió el brazo del asiento y claro que mi hija tocaba tu pantalón si tus caderas ocupaban la mitad de mi asiento. Tsst.

 

Bloggera, ser mamá

Tip de verano

Yo no me considero una mamá DYI. Es más, te mentiría si te digo que lo soy. Yo compro las cosas hechas. Es el ciclo natural de las cosas: hay quienes hacen, y hay quienes compran (y son los hijos quienes disfrutan).

Pero algo aprendí a hacer este verano y este tip me lo pasó una amiga: todo, te repito: TODO puede convertirse en helado.

¿Y sabes a quién le gusta el helado?

¡A nuestros chiquis!

Y cuando dije todo, no me refiero solo a mi deliciosa receta de piña, banana y leche de coco (¿alguien dijo piña colada – inspiration?), pero también está mi famosa combinación de fresas, banana y zanahora; y mi esposo recordará cuando, incredulo él, vio como mi hija devoraba esa receta de berries con espinaca. TODO PUEDE SER HELADO.

A veces uso dátiles para endulzar, pero la verdad es que a mi hija le gusta chupar hasta el hielo puro, entonces creo que si me olvido un día del dulce, a ella no le va a importar.

Hoy preparé una combinación de plátano, arándanos, zanahoria y yoghurt de vainilla para añadir cremosidad. Como siempre, un éxito. #mumwin

Ahora, y donde está el win-win?

  • mi hija come verdurdas, cosa que nunca quiere hacer aparte de un par
  • perfecto chantaje para cualquier cosa:
    • A la hora de la cena: si no terminas, no hay helado
    • Si estamos en un parque: Mucita ¿quieres seguir jugando? ¿o vamos a la casa por helado?
  • Para que se olvide de los “auchis”: “oh, chiqui, ¿te caiste? ¿quieres un helado? *inmediatamente deja de llorar

Y así. Y así…

¿Cuál es tu receta?

 

Personal, Risas, Uncategorized

A veces vuelvo

Curioso leer mi último post. Yo y mi independencia, decidiendo mantener mi pelo corto a pesar de las (in)directas de mi marido. ¡Macha soy! o más bien, muy hembra.

Curioso, porque hoy, 9 meses después de ese post (así es, por todo ese tiempo abandoné el blog y ni te diste cuenta), ando en la transición al, nuevamente, pelo largo. A que sí me importa lo que quiere mi marido. ¡Ja! Pero no me culpen, que nada tiene de malo querer verse guapa en los ojos de su galán. DIGOYÓ.


Pero a eso no iba mi regreso al blog. Aunque la verdad no iba a nada, más que a quejarme un poco de la vida, al mismo tiempo que quisiera celebrarla.

Hemos tenido un verano de la refurinfunflai acá en Holanda. Sabes que es así cuando los titulares de los diarios hablan de tener un récord con 52 días de sol. No te equivoques, 52. Récord.

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Y sin duda los hemos gozado – y gozado en manga corta (y con el pelo amarrado). Del verano, no me voy a quejar.

Con Husband lo estamos pasado genial. Pero además, he sido testigo de cómo se ha ido acercando más y más a nuestra hija. No digo que antes no eran cercanos, pero ahora empiezo a ver esa conexión de la que muchos hablaban. Esa del papá y su hija. El papá y su princesa (o como diría Mucita, princesa, niña y artista). Además, por temas de viaje he tenido que dejarlos varios días (como 10 en total, pero para mí eso ya es un montón), y de pronto pude ver (por fotos en facebook y por el chat) que mi hija goza con su papá (además de que las cenas fueron en base de pollo a la brasa y pizza) de una manera distinta a la que goza conmigo.

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Se manda. Con ojos cerrados. Es mi ídola.

Y como suele pasar en veranos, este ha sido otro verano de lindas visitas. Siempre muy cortas, pero siempre muy lindas. Tuve a mi hermana y a un par de amigos a los que nunca suelo ver, pero logran desenterrar a esa vieja Mu que no se preocupaba tanto, y puede apagar la computadora a las 6 y olvidarse del mundo.

Pero luego se van. Y la computadora se vuelve a abrir un domingo para ponerme al día con todo lo que no hice, y lo mucho que tengo que hacer.

No me voy a quejar públicamente de mi trabajo pero te voy a confesar que ando un poco cansada. Cada vez más volteo a encontrarme a una mamá que trabaja a medio tiempo, o puede elegir no trabajar para cuidar a sus hijos. Me dice que también es agotador, pero dicen que el jardín es siempre más verde al otro lado. Y es verdad.

Pero todos sabemos que esto muy normal días antes de las vacaciones. Y les cuento que me voy de visita a Lima en unos días. Quizá buen tema para el blog, pues por primera vez viajaremos en un avión solas: mi hija y yo, sin su padre. QUE NERVIOS CARACHO. Y en pleno potty training.

¡UY no les he contado que estamos dejando el pañal! Ese post debería venir, pero no creo que con ningún consejo, pues hemos fallado en todos.

Pero sobre todo felices. Siempre agradecida, con la vida, el trabajo, con mi esposo y mi hija. ¿Cómo estás tú?

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