Todo suma

Un post cortito sobre algo que me pasó hoy en la guardería.

Como todas las mañanas, fui a dejar a Mucita a la guardería. Me senté un rato con la “Miss” para contarle cómo andaba todo (lo admito: hablamos de texturas y colores de cacas) y en ese momento de distracción, niñoniña (pues aún no lo descifro y que se llame “Jesse” no me ayuda) trataba de quitarle un juguete a mi hija, quien como es más chiquita, se cayó en la jaladera. Y LOS DOS se pusieron a llorar. Algo así.

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La “miss”, se levantó, tomó a Mucita y la puso en mi regazo, le dio el juguete, y puso a niñoniña a su lado y le dijo que primero juega Mucita, luego ella. Que hay que compartir. Que así se juega mejor.

TOTALMENTE DE ACUERDO. … ¿o no?

Terminamos de hablar de cacas y me fui a casa pensando: “yo lo hubiera hecho diferente” (Y por diferente, no digo que mejor). Para empezar, no vi quién tenía el juguete primero, solo via cuando niñoniña (disculpen, ahora me siento mal por el apodo, se llama Jesse), solo via cuando Jesse trataba de quitárselo. Pero por algún motivo, en mi cabeza yo le hubiera dicho a Mucita que se lo dé, que ahora Jesse quiere jugar con el jueguete, que hay más para elegir y que después juega ella. Cero conflicto.

PERO LE IBA A ENSEÑAR A MI HIJA A SER UNA MONGA. Pero fuera de bromas. Le estaba diciendo (en mi mente, todo esto en mi mente) que ella no podía tener lo que quería, a ser buena gente, sí, pero YA MUY BUENA GENTE, ¿no? Yo sé que es un ejemplo pequeño, pero de hecho me hizo pensar. Cada cosita tiene un efecto, y todo suma. Enseñar respeto en amas direcciones. A compartir, en ambas direcciones. Lo que es suyo, es suyo.

Cosas para tener en cuenta. Creo yo.

Invierno, no te quiero

Invierno, no quiero tu frío. Ni tu lluvia. Ni tu nieve que quiere ser más lluvia que nieve.

No quiero tu ropa. Tus capas sobre capas (sobre capas). Linda ropa en los catálogos, sí; pero en la ciudad todos con pantys negras, botas negras, abrigos negros. Abrigos verdes militar. Abrigos marrones. Un abrigo rojo. Dos grises. Siete negros.

No quiero tu nieve. Muy bonita en los catálogos, muy romántica en Love Actually. Pero la verdad es que la nieve no es más que agua congelada. Moja. Congela. Por más capas (sobre capas) que te pongas. (Seamos realistas, nadie se va a trabajar en trajes de ski).

Invierno, no te quiero. A ti, tan largo; y tus días, tan cortos.

Invierno, pero no es contigo. Es que tú y verano no conviven. Llegas tú y el sol deja de calentar (y a veces ni visita). Llegas tú y, de pronto, no sé que ponerme (qué más da, si al final lo cubriré con un abrigo). Llegas tú y esperar el bus se vuelve una tortura. Llegas tú y se acaban las salidas al parque. Llegas tú y las terrazas se vacían. No eres tú! (pero todos sabemos que es por ti).

Invierno, sé que aún no llegas pero  este cuerpo latino ya siente frío en tus mañanas europeas. Y eso que “aún hace un buen tiempo para ser Octubre!”. Pero a mí no me engañan. Invierno, no me engañes – o te querré aún menos.

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Me voy de viaje (Parte 1: el antes)

Me voy de viaje.

En cualquier otro momento de mi vida, esto sería un “me voy de viaje!!!” Hoy en cambio, te lo digo un poco así:

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Me voy de viaje…!!…!…!

Es que me voy por trabajo. Cinco días. Sin mi hija.

Vale mencionar que, además de mis 8 horas de trabajo diarias en las cuales mi hija se vacila horrores en la guardería (le encanta, lo sé porque apenas ve a su “miss” se olvida de mí y si no salta de mis brazos es porque aún soy más fuerte que ella), solo he estado lejos de ella por máximo 5 horas si es que una noche decidí salir con mis amigas o tener una cita con mi esposo (la cual es siempre lo más cerca posible de casa).

Vale también mencionar que en estos 11 meses y 1 semana, no ha habido noche en que no haya dormido 4mt. de distancia de ella (si no menos), y con la excepción de algunas noches que puedo contar con la palma de mi mano, he sido yo quien la ha puesto a dormir. También he sido yo, el 100% de las veces, quien se ha levantado cuando ha llorado en las noches (algunas noches, junto con mi esposo, pues necesitaba una tercera mano o un segundo par de brazos). Pero la del turno nocturno, so yo.

Y ahora me voy. Y no a cualquier parte. Me voy  a ASIA. Suena bonito? paja? exótico? SíPeroNoMeImporta

(pero por eso, con fe, este post es el primero de dos partes: el antes y el después)

Pero por eso me voy de Lunes a Viernes, ni un día más. ¿Qué aprovechar para quedarte el fin de semana y conocer Malasia? TASLOCA. Me voy corriendo al aeropuerto apenas termino mi chamba. Y si no me fui la noche antes, es porque el vuelo estaba lleno #TrueStory.

Pero qué me preocupa? Ella va a estar bien. Estoy preocupada por este par:

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Y claro que lo sé. Sé que voy a dormir más. Sé que voy a tener tiempo de ir al gimnasio del hotel en las mañanas. Sé que voy a poder tomar mi café caliente, y comer mis cenas con calma y de un tirón.  Sé que estaré re ocupada durante el día y, quizá en eventos sociales en la noche, y que aún así tendré tiempo de sobra. PERO…

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Pero soy  mamá

Yo sé que sobreviviremos. Yo con más horas de sueño, él con más pizzas.

Ya les cuento luego cómo me fue.

Un bostezo para las mamis cansadas

Un bostezo para las mamis cansadas.

Y yo sé que hay papis que se merecen este saludo, pero este va para las mamis.

Un bostezo por la levantada de anoche. Por la primera y, quizá también por la segunda. Por la tercera? Vale. Para la mami a la que le bastó con una levantada de polo para calmar el llanto, para la que bajó a calentar la botella y para la que tuvo que mecer, cantar y hasta bailar pegado antes de lograr conciliar el sueño de su pequeñín. Un bostezo para ti.

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Un bostezo porque es lunes, pero bien podría ser miércoles, viernes o sábado. Todos los días son iguales desde que nos hicimos mamis. Un bostezo para la que se fue a trabajar, quizá con el ojo a medio pintar, con la cabeza a medio peinar y con la blusa a medio abrochar. Otro bostezo para la que se quedó en casa para ocuparse de su pequeño, y que a su hora de la siesta, solo podrá aprovechar para levantar la ropa del suelo, organizar las cuentas, atender encargos, hacer las compras. Un bostezo para ustedes.

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Un bostezo por ese café que no termina de hacer su trabajo.

Un bostezo para las mamis que tienen miedo de admitir que están cansadas. Mamis: estamos cansadas. No de ser mamis, pero igual cansadas.

Un bostezo, y un respiro, para las mamis que se olvidan las llaves, se olvidan de poner los pañales extra en el bolso, la comida para la tarde a la hora de salir. Para quien volvió del supermercado sin la leche, sin lo que se fue a comprar. Para quienes se distrajeron un rato porque las musarañas, porque el sol de Piura. Porque se chancó los deditos, se tropezó con sus propios pies. Un respiro más para las mamis que necesitan un break. No eres tú, eres tú.

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Afortunada

Ya lo dije una vez, hace 10 años en el viejo blog, y no lo he dicho lo suficiente: me siento una persona afortunada.

Y no porque me haya ganado la lotería, aunque sí gané una vez unas clases de surf en la costa verde. No lo digo tampoco porque Mucita esté durmiendo ya por 1hr y 44 minutos en su siesta del medio día (ya me karmeé, ahorita se levanta van a ver), ni porque suelo encontrar mi celular cada vez que se pierde. Mi fortuna es más grande.

Eventos recientes, buenos y malos, me han hecho recordar lo afortunada que soy. Primero que todo: estoy viva. Respiro, como rico, me abrigo si lo necesito y me calateo si hay una ola de calor. Estoy viva, salto, corro, camino y cazo pokemones (oh sí).

Mi familia está lejos, pero tan o más cerca que antes. Están bien, estamos unidos, y cuando pueden, vienen, visitan a Mucita, y de paso, le llenan el cajón de ropa nueva. Mi hija está sana, creciendo – lento, pero seguro- … y despierta (les dije, 1hr 46 minutos). Es una niña alegre, juega, descubre y me llena de orgullo con cada intento de palabra, cada pasito, y cada vez que me muestra que algo ha aprendido. Mi esposo es un bueno, buen esposo, buen amigo y buen padre. No se ganará premios en cuanto a cocinar, despertarse a la mitad de la noche o aguantar a Mucita llorar por más de media hora, pero, hey, intenta. Tengo trabajo, con la flexibilidad necesaria para disfrutar a mi hija en las tardes y tomarme los días que necesito para tenerla también durante el día; además de pagar mis cuentas, mi ropa, y mis vinos. Tengo amigos, amigos casi familia que están ahí aunque nos divida un océano, amigos aquí que cuando me dicen “cómo estás?” realmente quieren saber cómo estoy. Y amigos de facebook, que para qué, también me distraen de vez en vez.

 

No hay día que piense lo contrario, que piense que no tengo suficiente, que sienta que no tengo nada. Pero hay días en que no me detengo a agradecer, a Dios, al Universo, a mi familia y a quienes están ahí por mí. Gracias por tanto.

Enfermita en casa

Porque ser mamá no es suficiente para nosotras, una siempre quiere ser súper mamá… incluso cuando nuestra cara se esconde detrás de una nariz enrojecida, ojos hinchados y, cada dos segundos, de un pañuelo cargado de mocos.

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¡Sí se puede! ¡No hay quien te pare, mami!

ES MENTIRA. Detente.

Y eso hice hoy. Hoy no voy a pretender ser ninguna súper mamá SLASH súper ejecutiva SLASH súper esposa. Hoy me tomo el día libre. 

Y así fue como avisé en la oficina que hoy no trabajo, ni en la oficina ni de casa (el tema de poder trabajar de casa, es que la gente cree que “OK, se queda, pero igual puede trabajar, ¿no?” – pero no te confundas), Mucita se fue a la guardería, Papi al trabajo, y yo me quedé en mi casa, sin nadie a quien cuidar más que a mí misma – y qué sentimiento para raro.

 

Pero me tocaba. Hoy me voy a preparar un té – no, uno no, varios tés. Y todos, toditos me los voy a tomar mientras sigan calientes. Hoy no me quedé en mi casa para hacer lavandería u ordenar cajones, tampoco para ordenar la sala ni hacer las compras de la casa. ¡Hoy estoy enferma! Quién sabe… quizá hasta me tome una siesta.

(no lo creo)

(pero quién sabe)

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“Yo lo haría diferente”

La ignorancia es atrevida… e idealista. Hoy como madre, caigo en cuenta que yo también me encontraba en el grupo de “mm… yo lo haría diferente” en relación a la crianza cuando no tenía ni la más tímida idea de lo que hablaba.

Caso 1: “Mis amigos con hijos siempre quieren reunirse temprano. #YoLoHariaDiferente Cuando tenga hijos, les voy a enseñar a socializar y se van a acosumbrar al ruido para que puedan dormir en reuniones. En resumen: no va a afectar mi vida social”.

¡Levante la mano quien pensó como yo!

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Quien no tuvo hijos, no sabe lo que es un bebé cansado pero sobre estimulado que no quiere dormir. Y no sabe lo agotador (físico y mental) que es tratar de hacerlo dormir la noche siguiente cuando le paras cambiando su rutina. Y ni hablar de la pena que siento cuando veo a Mucita cansada pero yo aún lejos de casa porque aceptamos salir a comer de todas formas.

Amigos que insitían con cenar a las 6pm: lo siento cuántlosiento

Caso 2: “No vas a dar de lactar, ¡qué pena! #YoLoHariaDiferente Yo voy a dar de lactar mínimo hasta el año. Pero lo que hace mi prima es admirable, espero poder dar de lactar hasta los dos años o más como hizo ella”

por ahí veo algunas manos… 

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Primero que todo, la lactancia tiene un comienzo difícil: duele, toma tiempo, y muchas veces, el bebé pasa hambre. A todo esto, en mis dos primeros días tuve que complementar con fórmula porque Mucita no paraba de llorar de hambre pues lo que yo tenía parecía no ser suficiente.

Luego de eso, cumplí con mis seis meses de lactancia exclusiva; y hoy, con casi 10 meses, practicamos lactancia complementaria, es decir, dos biberones al día ahora son con fórmula, además de que ya come sólidos. Sin embargo, y acá viene el issue: el extractor de leche me tiene HARTA. Últimamente, lo veo y sufro. NO LO QUIERO. En estas últimas semanas, he estado sacándome leche solo una vez durante el día y mi producción ha disminuido. Se viene el fin, lo siento. Y lo siento😦

Caso 3: “Tu bebé solo come papas fritas? #YoLoHariaDiferente Mi bebé solo comida sana, solo comida hecha en casa, y comerá de todo”.

A ver, esas manos?!

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Aún no he llegado a las papas fritas. Pero como van las cosas, no sé qué puede pasar. Pues he llegado al punto de que Mucita prácticamente elige lo que come: cuando no le gusta lo triturado, lo licúo; cuando no le gusta lo que licué (así se escribe?), le doy un envase de supermercado. Si eso no funciona, no comemos. Así de simple.

Como lo dije en un post anterior, en este punto de su vida, creo que Mucita sabe mejor que yo lo que quiere y que necesita. (Bueno sería que esto dure por siempre, no? “no mami, yo no salgo con esos chicos porque son mala influencia para mí y mis estudios” – soñó Mu).

Moraleja: todos somos padres perfectos hasta que tenemos hijos, y eso es lo bonito del asunto: que todos somos un manojo de imperfectos haciendo malabares con el único fin de que nuestros hijos crezcan bien, y sean felices. Salud caracho.