Y nos fuimos de viaje

 

Mi pequeñísima:

Mucho ha pasado en estos dos últimos meses. No solo has crecido un montón y tu peso se ha duplicado (¿señal de que deberíamos empezar con los sólidos?), pero has vivido momentos muy especiales de los que, a falta de memoria, nos quedan las fotos.

Primero que todo, tu madrina. ¿Sabías que tu madrina se vino de Lima a quedarse todo un mes (y un poco más) solo para estar contigo??? Y bellecita mía, no sabes: AMORES LOCOS. Además de ser tu madrina tu lugar favorito para quedarte dormida (y ser ella la primera en ofrecer sus brazos en esos momentos en que “la chanchitina”, como ella te dice, decide batallar el sueño – porque aunque siempre pierdas, cómo te gusta pelearla).

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Pero se acabó enero y tu madrina tuvo que regresar a Lima. Pero nosotras, no contentas con eso, nos fuimos y la seguimos (la verdad es que ya teníamos el viaje planeado, pero suena más bonito decir que la seguimos, no?).

Así fue como hiciste tu primer viaje en avión. Preciosa, te portaste excelente. Y toda persona que te miraba se ganaba con una sonrisota tuya. Estabas emocionadísima y por emocionadísima, obvio que no dormiste nada las primeras siete horas del vuelo. Pero al menos Sr. Conejo pudo hacer uso de la camita que nos dieron en el avión.

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Y así estuvimos 3 semanas en Lima. 3 semanas que se pasaron volando y que sé que disfrutaste cada segundo. Chanchita bella, eso sí, hacía LA CALOR. Como buena chanchita, sudabas como loca. Sobre todo cuando te daba de comer o en la noche cuando dormías. Por eso es que disfrutabas tanto el abanico de la tía Rosana, o cualquier brisa que pasara; y a falta de uno o el otro, los soplidos de mamá en tu cabecita pelona.

Y ¿qué tanto hicimos en tres semanas? UF. Fuimos a la playa. Bueno, a la casa de playa. No bajamos a la playa mucho porque aún había que tenerte protegida del sol, sobre todo después de que te enronchaste todita por no sé qué alergia y me prohibieron ponerte el bloqueador. Aventuras de mamá primeriza, pero tú campeona porque casi no te quejabas por más que pareciera una mezcla de acné con varicela. Pero entonces nos la pasábamos todo el día en la terraza, en tu gimnasio que te compramos allá y AMASTE (sobre todo la musiquita que hacía); en las tardes te paseábamos en tu coche hasta que te quedabas dormida con el atardecer; y nuevamente nos despertábamos tempranito para disfrutar del día.

Una anécdota de la playa: los muchos novios que vinieron a conocerte. Uno de ellos, Joni, ¡hasta vino con flores! Y el muy bandido te regaló una tanga (topless!) que vas a usar en el verano de acá (y le mandaremos fotos? :-o). Luego estaba Patrick, quien vino también a conocerte, ¡y Cristobal! el vecinito, quien es un poco mayor (dos años) pero igual te hizo cariñito en la cabeza cuando se despidió de ti. También estaba Aitor, quien como su tío Coqui, estoy segura será tu broder. Aitor estaba encantado contigo y solo quería cargarte todo el tiempo. Y lo hizo. Un tierno.

¿Qué más hicimos en Lima? Te cuento cómo eran tus mañanas. Te despertabas casi religiosamente a las seis de la mañana. Entonces mami te daba tu teta, te cambiaba el pañal y te llevaba donde los abuelos. Felizmente los abuelos también son madrugadores, y la abuela empezaba con su ciclo de canciones. Yo regresaba a la camita con papi a tratar de seguir durmiendo, o sino me quedaba leyendo algo en la cama. Pero los abuelos felices, era su momento contigo antes de salir a trabajar.

Y hablando de abuelos, no solo estuviste con los abuelos en este viaje, Mucita. Estuviste con TODOS. Descubriste que tu familia en Lima es grandota, y que todos pero todos te adoran con locura. Conociste a los bisabuelos, a los tíos abuelos, a tus tíos de todas las edades, a tus tías de cariño y a tu padrino. Y eso que nos faltó gente, corazón. Pero también nos faltaron horas en el día (y horas despierta, porque tú te ibas a dormir a las 7, y mami te seguía al ratito la mayoría de veces). Pero ya habrá tiempo, y mientras tanto, nos llevamos ese lindo recuerdo de haber estado de brazo en brazo y feliz. Con calor, pero feliz.

Ah, y no sabes. En tres semanas, no solo creciste. También te salió tu primer diente (y el segundo); aprendiste a darte la vuelta, ya no solo eres un relojito, sino que ahora también pasas de tu posicion “plátano” a “súperman” cual Tony Horton (referencias P90x :P). Te empezaste a sentar derechita (aún necesitas ayuda, pero ya prontito lo harás solita), soltaste tu primera carcajada (eres una monita) y además te volviste Católica! ya que aprovechamos el viaje para bautizarte. No sólo bella, pero santita 😉

Finalmente se acabó el viaje. Como siempre, se pasó volando. Descubrí que viajar con beba es otra cosa. No puedo simplemente salir a la calle, agarrar un taxi y encontrarme con alguien. Debo planear la movilidad, asegurarme de tener tu sillita de seguridad para el carro, de que entre tu coche (porque MUCHO calor para estarte porteando), de que podamos darte la teta cuando te toque. Teníamos que cuidarnos del sol, no quedarnos hasta muy tarde para no interrumpir tu sueño, y otros etecés. Para qué, te portaste re bien, te adaptaste al ritmo de mami y papi, incluyendo ese paseo a Lunahuaná en donde por defenderte de los moquitos, a mami le picaron todos. Y si hoy no te acuerdas de mucho, no te preocupes. A Lima vamos a volver unas cuchumil veces más. Quién sabe, quizá incluso este año. #whoknows

viajeblog

 

 

 

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