ser mamá

6 meses, corazón (parte 2)

Mientras Mucita lo descubre todo en este mundo, yo descubro un nuevo mundo en donde ya vivía.

Aprendí que no se puede hacerlo todo, y que no DEBO hacerlo todo. Hay días en que llegaré tarde al trabajo, por más de haber estado despierta desde las cinco de la mañana. Y cuando den las cinco de la tarde, es hora de cerrar el kiosko porque Mucita no se va a recoger sola de la guardería y que hay algo más importante que un e-mail que responder o una presentación que terminar. Aprendí a que sí hay cosas que puedes dejar para mañana

Además, aprendí a pasar la bola. Nuevamente: no puedo ni debo hacerlo todo, por más que secretamente lo quiera, por más que me refugie bajo mi excusa de la lactancia exclusiva como única proveedora de alimento. Mi mami también puede bañarla, Papi también puede recogerla y alimentarla, madrina también puede hacerla dormir.

Aprendí a que el mejor método de crianza es el animal: puro instinto; a filtrar consejos y poner buena cara (o quizá aún no me sale lo de la buena cara). A que mi bebé es única y de que esto de sentarse, dar la vuelta, el primer diente, la primera palabra no es una carrera. Esto es un paseo y la vista es maravillosa. Aprendí a disfrutar las etapas, porque la vida no tiene rewind, y además, no hay tal cosa como demasiadas fotos. A todo esto, aprendí a que siempre hay que tener una cámara a la mano.

Aprendí la importancia de hacer tus ejercicios kegel (amiga: no lo dudes), que esto de “yo nunca me enfermo” pierde toda validez una vez que tu peque entra a la guardería; aprendí a que sí puede haber alguien en este mundo que sonríe cuando me escucha cantar, y así me aprendí la canción de pimpón, del brujito de gulubú y dame un par de días que te estaré cantando la reina batata. Aprendí que no necesitas juguetes elaborados, Mucita se distrae igual con su polilla Lamaze que con un pañal limpio (y seguro también con uno sucio, pero eso no hemos probado). Aprendí que hay un negocio que se llama “Categoría Bebés” y algo tiene que ver con ponerle orejitas a todas las capuchas. Aprendí que mi corazón se hincha cuando ve a mi hija sonreír, que este amor es único, aún mejor, es mutuo y que no lo cambio por nada.

Eso sí. Aún no aprendo a ser madre. Eso, me late, creo no se termina de aprender.

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2 thoughts on “6 meses, corazón (parte 2)”

  1. Ser padre es una aventura interesante, lo supe desde que nació Elmito, fue a partir de entonces que las cosas que antes eran prioritarias y de valor dejaron de serlo, y las cosas que eran cotidianas y menudas cobraron mayor significado.

    Mi lema favorito era que los tres momentos sagrados en la vida de un hombre son: cuando duerme, cuando ve fútbol y cuando está en el trono; ahora Elmito es el único con derecho a jalonearme de la cama con un “Hey papá, levántate, tenemos que construir una estación de bomberos”.

    Mi colección de películas de El Chavo del Ocho pasaron por sus manos, mis aparatos electrónicos dejaron de ser exclusivamente para mi uso, hasta olvide de usar el carro ya que cuando a Elmito le pregunto ¿cómo quiere ir? a algún lugar, él siempre responde “Caminando papá”; he comprobado que los paseos a pie son más divertidos.

    También él puede cogerme de la camisa blanca y zarandearme diciendo “jamás derrotaremos a esa gente” (creo que es un pasaje de la Biblia que tiene en la tablet), como también puede pararse sobre mis zapatos lustrados para despedirse cuando me voy la trabajo.
    Esto ya me está saliendo como un post.

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