Domingo, qué mal me caes hoy

Hoy estoy con grave síndrome dominguero (GSD). Tengo todos los síntomas: la mirada perdida, los flashbacks de lunes – acompañados por ansiedad de tan solo pensar en revisar mi inbox, y la sonrisa intermitente atada a los recuerdos del fin de semana. No se cura con vino, pero ayuda.

El GSD, como su nombre lo dice, suele atacar los domingos, normalmente en la segunda mitad del día; sin embargo, no es exclusivo. Lo que sí, los motivos de contagio son siempre los mismos: se acaban las vacaciones, un fin de semana largo o un día libre excepcionalmente bonito.

No me cabe duda. Me ha dado y que mal me ha caído.

También he notado que últimamente sufro de GSD más y más seguido. Se me habrán bajado las defensas con esto de ser madre. O será la adicción a la risa de mi hija, a nuestras caminatas sin apuro, a eso de estar los tres (o los cuatro, cuando Pedro nos acompaña) en la cama. Este fin, para colmo, fue especial. Porque salió el sol. Porque estuvimos los tres, inseparables. Fue mi primer día de la madre. Porque no paraste de decir papá y mamá (y mapa, y pama, y papamamapamapa).

Pucha.

22:44 del domingo. El GSD está en su pico y el vino no lo cura. Pero felizmente ayuda.

 

 

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2 pensamientos en “Domingo, qué mal me caes hoy

  1. No tengo el remedio, pero tengo el paliativo para el GSD. Llena de fotos y videos de miniMu tu celular, tu escritorio, tu computadora, y cuando tengas algo que resolver o enfrentar, dales una mirada, ese pequeño ser te ve como una heroína y no le puedes fallar.

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