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9 meses dentro, 9 meses fuera

Me pasa de vueltas pensar en que mi hija lleva en este mundo tanto tiempo como el que pasó dentro de mi panza (bueno, no exactamente – para los distraídos, un embarazo estándar (sea tuyo, mío o de Keiko) dura 40 seamanas o más (el mío duro 41 semanas, 1 día) lo que equivale a casi 10 meses). PERO COMO SEA, ya son 9 meses desde que di a luz.

Me dijeron una vez que luego de 9 meses, mi cuerpo podría ya estar casi como el pre-embarazo. Pues mentira.

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Amiga, acá un #ConsejoConejo: si te dicen que durante el embarazo hagas tus kegels: FAKIN HAZLOS. No te voy a decir más al respecto.

Pero bueno, tiempo al tiempo, y eso es lo de menos. Lo de más, lo increíble, y lo que me pasa de vueltas es lo rápido que se pasa el tiempo ahora que soy mamá. Para mí el embarazo (léase: los 9  meses en los que no tomé vino) me parecieron ETERNOS. Lo disfruté, sí. Pero ni la cuarta parte de la que disfruto siendo madre.

Será además que el reloj me corretea. Cada segundo cuenta. Los segundos en la oficina, para atacar la lista de pendientes; los segundos en el bus, para ponerme al día con el mundo, con el sueño, con mi facebook; y los segundos en casa, para disfrutar de mi hija y de mi familia. Aún me cuesta tiempo darme un tiempo para mí, pero he aprendido a combinar el me-time con el tiempo con mi hija, que para qué, es súper buena compañía… hasta que llega el momento de probarme ropa cuando voy de compras. Ahí lo dejamos a la suerte y al derecho de cambio.

9 meses, mi amor. Hace 9 meses, esas palabras me llenaban de ilusión y a la vez temor. ¿Qué hacía yo siendo madre? ¿Cómo se hace eso? Pero era verdad eso de que esto de ser madre es bien animal y mucho tiene que ver con seguir tus instintos. Hasta ahora, al menos, me ha funcionado bien. 9 mesazos, mi princesa. Y si están como estamos, qué paja lo que se viene.

 

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3 thoughts on “9 meses dentro, 9 meses fuera”

  1. Otra de las cosas que debes haber oído y que es verdad es eso de que “el tiempo pasa volando”, un día lo tienes cargado, al día siguiente te dicen “bájame papá” y luego ya te dicen “no papá, yo voy solo”. Eso me pasa con Elmito.

    La solución consiste en apapacharlos todo lo que se pueda mientras se dejen, luego nadie te quita lo apapachado.

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