Mi vida en Holanda, Navidad

Es diciembre, y hoy se me dio por extrañar…

Estornudé y se hizo diciembre – o al menos, eso parece. 

Y mientras mis historias de instagram muestran capuchas, tormentas y narices rojas, mi facebook me muestra los primeros días de playa, mangas cortas, y los preparativos de  verano. Son los días previos a las fiestas: compramos regalos y ropas de baño, decoramos el árbol y desempolvamos la ropa de verano. Nos sacamos las medias para ponernos sandalias, y mientras, planeamos en dónde pasar la fiesta de año nuevo. 

Mientras tanto, acá yo desempolvo la ropa de invierno – con esa misma nostalgia de hogar que me viene cada Diciembre. Esa nostalgia de… y no quiero sonar atorrante, y claro que extraño a mi familia, y es que no puedo evitarlo. ¿Saben qué extraño?

La casa de playa.

Joder, que extraño la casa de playa de mis padres. 

Pero me tienes que entender. TODA MI VIDA, o al menos, desde que tengo memoria (pelito corto y piel marrón) paso el año y nuevo y tres meses siguientes en la casa de playa de mis padres. 

El verano es una cosa curiosa. Al menos en ese entones, era una desconexión a la realidad. De viernes a domingo, los “amigos de Lima” no existían, y solo habían los de la playa. Luego llegaba Marzo, y esos “amigos de la playa” desaparecían hasta el verano siguiente – donde volvían a aparecer, casi como si ahí vivieran.

Además, era como un mundo paralelo en donde uno podía quedarse hasta tarde sin supervisión adulta. Había toque de queda (que cada año que pasaba era un poco más tarde) pero había cierta magia que no ocurría “en Lima” una vez llegada la noche. Al final y al cabo estábamos a unos 300 metros de casa, 2 minutos en bicicleta. O algo así. 

Los recuerdos son más claros en el año 2000. La casa creció y yo salía del colegio. Tenía mi primer enamorado y, en pleno febrero, mi primer corazón roto. La casa de playa se convertía en mi refugio, al mismo tiempo que un rinconcito de recuerdos de las primeras semanas de verano.

Y los años siguieron pasando. Pero cada verano en año nuevo empezaba nuevamente la temporada. La casa de mis padres era invadida por las amigas del cole, de la pre, de la universidad. De los enamorados y los amigos de los enamorados. Hoy miro atrás y agradezco las tantas bocas que mis padres tuvieron que alimentar (hasta que empezamos a generar ingresos y apoyábamos … algo). Es más, asumir responsabilidad por hijos que no eran de ellos! (Cosas que uno ni piensa antes de convertirse en papá o mamá).

Terrazas de parrilla y vino, tardes de vóley, caminar con el sunset, correr en el malecón. Los almuerzos a las tres de la tarde, los pisco sours en la sombrilla, los baldes de arena, el bar de la piscina ese primer verano que abrió… Y años más tarde, mi hija gozando esa misma arena que a mí me vio crecer. 

Año nuevo 2018

No es el primer año que ocurre, pero sí uno de los pocos en los que no visitaré la casa este verano. Tres viajes a Lima el año pasado y uno pendiente a Nueva Zelanda en el 2019 (si es que no se me pierde esta vez el pasaporte) me tienen un poco corta, además de los planes de construir el tercer piso y remodelar la casa en Febrero. 

Y quizá sueno atorrante, y en estas épocas navideñas, quizá no debería ser lo primero que extrañe. Pero hoy mientras tomo vino caliente en el mercado navideño, en verdad desearía estar tomándome otro vino blanco en esta terraza, quizá con un cebichito, y definitivamente, con unas yuquitas fritas con huancaína. Y es que extraño mi casa de playa.

La familia 

Anuncios
Mamá en la Oficina

Te quejas. Pero te gusta.

Conflictos internos de una mamá tiempo completo.

Es martes, son las 11:20 am, tengo un montón de trabajo y bullets en mi lista de cosas por hacer. Pero me pongo a escribir en mi blog (#procrastinaciónalmango). Trabajo a tiempo completo y, a menudo, horas extras. Además, me despierto en las noches cuando mi hija llora (ya no pasa siempre, pero pasa. pasó ayer y pasó hoy). Soy también la que se despierta un poco más temprano para cubrir mi rutina de ejercicios, bañarme, cambiarme, preparar el desayuno, sentarme con ella a desayunar, dejarla en el nido e ir a trabajar. La que llega “tarde” – y la que se va temprano! para hacerlo todo al revés: recogerla del nido y preparar la cena para sentarnos en familia, los tres, a contarnos nuestros días (las mejores historias suelen venir del nido).

20180921_161948892_iOS
Al nido, ¡salga sol o llueva!

Las tardes son más tranquilas. Ver tele, llevarla a dormir, y depende del día, seguir trabajando en lo que no tuve tiempo de terminar. Porque me es imposible sentarme frente a la computadora antes de las 9am, o después de las 5pm cuando hay una niña que necesita de mí (de 6 a 8 se cierra el kiosko).

Y acá es cuando vienen las voces del conflicto y la igualdad: ¿pero por qué tu marido no te ayuda? ¿por qué lo haces todo tú? Bueno, bueno, no se estresen. Tampoco es todo. ES MUCHO. Pero no es todo. Y la respuesta es simple:

<< PORQUE QUIERO >>

Yo podría ser la mamá ejecutiva que se sienta en la oficina desde las 7, la que contesta llamadas a la hora de la cena o está viendo sus correos mientras su hija se demora diez mil horas en tragarse ese pedazo de pollo (PASA, y en verdad te pican los dedos).

También podría quedarme en la oficina, mientras el esposo buenpadre lee los cuentos, y yo llegaría, con suerte, a darle el beso de las buenas noches. Luego cenaríamos solo los dos, él me contará qué hizo Mucita en el nido y yo le contaré de mis logros laborales (Mucita 1 – 0 Mu).

<< PERO NO QUIERO >>

¡Y CANSA! Claro que cansa querer hacerlo todo, claro que pierdo la paciencia en las mañanas cuando el cepillo de dientes se convierte en un cohete espacial y hay que colectar todos los juguetes que queremos llevar ese día al nido. Claro que levanto la voz cuando ya llevamos 45 minutos en la mesa porque aún vamos en el segundo bocado. Pero tengo tiempo de abrazarla. 

20180803_160528190_iOS
Lo eres todo.

Mi trabajo me da la flexibilidad que necesito (yanoyá sería no tener ese horario nocturno de 8-11pm tantos días a la semana). Quien no me da flexibilidad es el ojo crítico de la mujer que me dice que delegue a mi hija como si fuera otro de mis bullets en mi lista de cosas que hacer. Le llaman feminismo, pero yo creo que hemos confundido las cosas.

La próxima semana me voy de viaje por 4 días. Ya mi esposo se levantará en las noches si es necesario, hará lo que yo hago el resto de días. Yo viajo seguido, él no tanto. Esos días me visto de ejecutiva full time, los otros días, prefiero ser madre tiempo completo.

20181025_044624976_iOS
Cuando quien la despierta somos Pedro y yo (y esta imagen también me mata de amor)

ser mamá

Es una edad maravillosa

Los tres años. Una edad maravillosa.

Te hablan. Te dicen qué les duele, qué sienten, si están bien o mal. Te cuentan de su día en el nido/guardería/ocomolollamen. Te cuentan que Menganito hoy la empujó en la arena, y que ella se cayó, pero no lloré mamá, le dije que eso no se hace. ¿Le dijiste “eso no se hace, menganito?”, no madre (porque así me dice: “MADRE”), le dije solo “eso no se hace”. Hablamos. Somos compinches. Es una edad maravillosa.

20180930_082137970_ios.jpg

Quieren ser independientes. “Yo puedo sola” aparece en una de cada tres frases que dice. Además, quieren, de pronto – y cuando les conviene- ser dueños de su vida – y de lo que hacen, visten, comen y de lo que se compras en el supermercado. Te dicen “NO” como si su vida dependiese de ellos (O sí cuando querías que te digan que no). ¡Ya son independientes! y no tienes que mirarlos todo el tiempo, pero tienes que mirarlos todo el tiempo. Es una edad maravillosa.

20181020_100257904_ios.jpg

Empiezan a tener amigos. Socializan. Y de verdad – no como su mami en facebook e instagram. Sus amigos lo son todo en la vida. Pero… pero, de pronto: “yo no como zanahorias porque Fulanita no come zanahorias”, o… “no voy a dormir todavía porque Sultanito no está durmiendo”. ¡Y CÓMO SABES! (No saben. Se inventan.) ¿Y puede Fulanita venir a mi casa? La vida social empieza (y ay de si les dices que no pueden!), las agendas más llenas que  las de su MADRE. Te vuelves chofer, chaperona, cocinera y payaso de circo. Y LO SABEN. Es una edad maravillosa.

20181013_112738095_ios.jpg

Tres años, Mucita. Me haces reír. ES UNA EDAD MARAVILLOSA, y me encanta vivirla contigo aunque haya días, como hoy, donde estoy súper cansada. Pero siempre encontramos fuerza (o nos la inventamos), cosita bonita, porque es una edad maravillosa.

 

Vacaciones con niños

NZ Puede Esperar – Vacaciones en NL

Pasada la angustia y pasada la rabia por el pasaporte perdido, y luego de que Air NZ nos confirmara que pondría nuestros pasajes “on hold” durante un año, fuimos en busca de un plan B. Luego de tres semanas muy intensas, sentía que las vacaciones, cualquier tipo de vacaciones, era lo que mi cuerpo necesitaba: tiempo con mi hija, con mi esposo y conmigo misma.

Y nos fuimos a Breda.

O más específicamente, a Oosterhout.

O incluso más específico: al Kaatjeskelder

Screen Shot 2018-10-19 at 12.19.54

A una hora y media en auto, no más lejos de lo que te queda la casa en Asia los fines de semana en verano, llegamos cerca de la frontera de Holanda con Bélgica. Nuestro destino, el “vakantiepark” (parque de vacaciones) Katjeskelder, un equivalente a lo que fueran la combinación del Bosque, la Cantuta y las cabañas del Kentucky de mi niñez: bungalows cómodamente amoblados, parques con toboganes, piscina, un minimarket para los poco preparados (nosotros), restaurante con buffet y un hombre (o mujer) disfrazado de conejo, con su banda de bailarines que todos los días a las 17hr en punto ponía a los niños a bailar frente a la terraza del restaurant (la excusa perfecta para tomarse la primera cerveza de la tarde).

Nueva Zelanda tuvo que esperar, y esta semana con mi familia era justo lo que necesitaba. Tardes de milanesas con papas fritas, mañanas en el tobogán, sobre mesas jugando memoria (la emoción de mi hija cuando encontraba un par, no se aguantaba y nos decía dónde estaba cuando era nuestro turno), y si no fuera por el café terrible que nunca nos quedaba bien, un win total.

El plus – a que no sabías que podías irte de safari sin pasaporte?

Muy cerca de Katjeskelder teníamos Beekse Bergen. Un parque grandazo con un pedazo que puedes recorrer en tu propio auto y ver los animales. Juro haber visto leopardos cruzar entre los autos y estuvimos como 15 minutos en “el tráfico” para ver si las jirafas se animaban a darnos un besito. Pero los pesados de adelante se llevaron todo el show.

Y qué hemos aprendido?

Pues a poner todas las marcas de seguridad al enviar un sobre con mi pasaporte via DHL (si es que eso hubiese hecho la diferencia), y solo por si acaso, utilizar un centro de envío normal y no un auto-servicio hasta que no mejoren su tecnología (si es que eso hubiese hecho la diferencia).

También a que se pueden hacer vacaciones diferentes sin necesidad de un pasaporte. Admito que por vivir afuera, normalmente nuestras vacaciones equivalen a “volver a casa”, normalmente Lima pero a veces también Nueva Zelanda, pero ya es hora de darle una oportunidad a lo que tenemos cerca.

Y como plus, también aprendimos a equiparnos más antes de ir a estos vakantieparks: traer toallas, sábanas, el neceser bien completo, los básicos de la cocina, y así para ahorrarnos más euritos. #YLS

Personal, Uncategorized

Levántate, Mu

A mí normalmente me va bien. Claro que la vida no es de rosa, pero trato igual de darle buena cara. Trato. Me gusta pensar que soy la del vaso lleno, la optimista, la positiva, la que sonríe y se ríe último. La de la perspectiva “podría ser peor, hay que sentirnos agradecidos por lo que tenemos”, y la filósofa “todo pasa por algo”.

Pero a veces… a veces las cosas ocurren todas juntas… o pasa una cosa que es muy intensa, o pasa algo en el momento más inoportuno…

hp-cry2

y me quiebro.

COMO POR EJEMPLO CUANDO DHL PIERDE MI PASAPORTE A DOS SEMANAS DE MIS VACACIONES CON LOS PASAJES PAGADOS DE 1.300 EUROS X 3.

Y esto en la misma semana que ando con mil deadlines, al lado de mil compromisos sociales y no tengo tiempo ni de sonreir.

Se me vacía el vaso.

Y necesito un abrazo.

*cruzando los dedos y, como dijo mi hermana, rezándole a Dios (al de verdad y al de la bruocracia) de que encuentren mi sobrecito*

Mamá de Vacaciones, ser mamá, Uncategorized

Con una rubia en el avión (versión 3 años)

Le temía.

O vaya que le temía.

Recordaba aquellos vuelos interminables que me vieron caminar ida y vuelta por las 62/63 filas en el vuelo de Amsterdam a Lima pues mi hija no sabía que hacer con su vida (no la culpo, la verdad es que yo tampoco). Recordaba además que mi esposo, aunque no mucho, sí ayudaba y pensaba (y sufría pensando) en que en este vuelo no lo tendría de apoyo. Me armaba de valor (y de galletitas), de coraje (y de películas en el iPad), de pañitos húmedos (y de stickers) pues no había de otra: le temía.

Así fueron los preparativos a mi vuelo. Ya no más con la pequeña de año y medio sino con mi “niña grande”, como dice ella, a punto de cumplir 3 años.

Y qué hemos aprendido?

  • Que Schiphol es un aeropuertazo – este no lo conocía, pues mi yo antipáticamente saludable nunca quiso doblar hacia el lado del mc donalds, pero como estábamos con harto tiempo, decidimos caminar. Y mira:

¡Un pequeño parque de diversiones! mesas alrededor para no perder de vista a los chiquis y todo el patio de comidas alrededor. Ahí se nos fueron como 30 minutos (como quien la cansa un poco). Ya saben #tip si un día están de visita por Amsterdam. Esto es pasando seguridad.

  • Que #malquebien a los 3 años ya ven televisión (sobre todo si es frozen). Y así fue como Mucita dejó a mamá ver dos películas en el avión. ¡Dos! (cuando volé sola vi cuatro, o sea que sé que se puede más, pero esto es suficiente).

20180829_142845493_iOS

  • Que los asientos delanteros te dan espacio para tus pies y tus cosas, pero no son lo mejor para tu chiqui de 2-3 años si quiren dormir pues los brazos no se levantan!

sitios.png

Mi pobre chiqui trataba de echarse acurrucada en un pequeño asiento y cada vez que se acomodaba se caía. De regreso estos sitios estaban disponibles pero lección aprendida:

20180912_040116477_iOS

  • Y finalmente, que mi hija es una campeona viajando (y por si acaso, toco madera pues en un mes se nos viene un vuelo aún más largo del que ya les contaré).

Finalmente, quisiera agradecer a KLM porque sus paquetitos para niños son geniales. Mucita feliz con su tarjeta de viaje, y el juego de memoria que le tocó (ya reconoce China!). Además que en el vuelo de regreso no se repitó y ya tenemos un Michi para jugar en el avión. No quisiera agradecerle a la chica mala onda que me tocó en el vuelo de ida. No toleró una sola “patada” de mi hija (estabe estirando sus piernitas) y hasta OSÓ sacudirse el pantalón como si las medias de mi hija tuvieran barro. Finalmente me cambié de sitio para yo tenerla al lado, y nunca nunca me cedió el brazo del asiento y claro que mi hija tocaba tu pantalón si tus caderas ocupaban la mitad de mi asiento. Tsst.

 

Bloggera, ser mamá

Tip de verano

Yo no me considero una mamá DYI. Es más, te mentiría si te digo que lo soy. Yo compro las cosas hechas. Es el ciclo natural de las cosas: hay quienes hacen, y hay quienes compran (y son los hijos quienes disfrutan).

Pero algo aprendí a hacer este verano y este tip me lo pasó una amiga: todo, te repito: TODO puede convertirse en helado.

¿Y sabes a quién le gusta el helado?

¡A nuestros chiquis!

Y cuando dije todo, no me refiero solo a mi deliciosa receta de piña, banana y leche de coco (¿alguien dijo piña colada – inspiration?), pero también está mi famosa combinación de fresas, banana y zanahora; y mi esposo recordará cuando, incredulo él, vio como mi hija devoraba esa receta de berries con espinaca. TODO PUEDE SER HELADO.

A veces uso dátiles para endulzar, pero la verdad es que a mi hija le gusta chupar hasta el hielo puro, entonces creo que si me olvido un día del dulce, a ella no le va a importar.

Hoy preparé una combinación de plátano, arándanos, zanahoria y yoghurt de vainilla para añadir cremosidad. Como siempre, un éxito. #mumwin

Ahora, y donde está el win-win?

  • mi hija come verdurdas, cosa que nunca quiere hacer aparte de un par
  • perfecto chantaje para cualquier cosa:
    • A la hora de la cena: si no terminas, no hay helado
    • Si estamos en un parque: Mucita ¿quieres seguir jugando? ¿o vamos a la casa por helado?
  • Para que se olvide de los “auchis”: “oh, chiqui, ¿te caiste? ¿quieres un helado? *inmediatamente deja de llorar

Y así. Y así…

¿Cuál es tu receta?