Bullets de mi vida, Mujeres, Personal

En los últimos días…

En los últimos días, he logrado correr más. Además, le entré a la moda de los health trackers y me compré mi Garmin. Ahora ando con un relojazo (no por bacán, sino por gigante) en la mano de día y de noche y soy adicta a ver mi curva de sueño cada mañana (como si necesitará un reloj para decirme por qué tengo tanto sueño cada mañana #hint #mucita #quesedespiertatodaslasbenditasnoches) y se me hincha el pecho cuando cumplo mis objetivos de minutos de intensidad, pasos, o kilómetros semanales.

Pero lo más importante, he encontrado tiempo para correr.

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Así como cuando corro y pongo mi playlist de Calamaro

En los últimos días, estás entre Chu-chu-wa y Pocoyo.  Y yo te dejo. Al comienzo era fácil. Para que dejes de ver tele, bastaba con decirte que la comida estaba en la mesa. PERO AHORA NO HAY QUIEN TE SEPARE.

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Ni qué decir. Mami ya se las sabe todas. CUCHARA! CUCHARÓN! PLATO HONDO…

Debo admitir que a veces yo también lo promuevo. A ver: practicas tu español, aprendes y bailas al ritmo de Canta Juego (cosa que yo acabo de descubrir) y ya hasta te sabes los colores y contar del 1 al 10 gracias a Pocoyó! Vale decir que el chibolito es re tierno, los dibujos súper simples (no es una tormenta de color en los ojos de tu fácil-de-sobre-estimular chiqui) y es súper interactivo.

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Pocoyo es bienvenido a mi casa

En los últimos días, me has dado un preview de lo que se viene  con “los terribles dos”. Te cuento si no te lo contaron. Cuando tu hijo/a va alrededor de los dos, se vuelven bipolares. Vaya orate, mi pequeña princesa.

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(sin ofensa a aquellos que realmente sufren con este problema). Pero la capacidad de Mucita de cambiar de lágrimas a risas, y de berrinche a baile es increíble. Yo, por mi parte, creo que estoy haciendo un trabajo excelente y mi paciencia merece un Nóbel de la paz.

En los últimos días, me siento más YO
Entre que estoy corriendo, salgo más con amigas (la mayoría de ellas MAMigas – tema de otro post), y poco a poco organizo mejor mi tiempo para balancear mi YO-Madre y mi YO-Mu(jer), me empiezo a sentir más en control. No siempre me gusta la chica del espejo, pero al menos casi siempre la encuentro con una sonrisa en la cara.

 

 

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Mi vida en Holanda, Perú, Personal

No me preguntes si volvería a Perú.

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En los últimos meses, he conocido mucha gente: grupos (y sub grupos) de mamás, finalmente conocimos a los vecinos después de cinco años viviendo en esta casa en una cena de la cuadra, y entre amigos de amigos y los ya conocidos, la pregunta suele repetirse: “Y volverías a Perú?”.

¿Volvería a Perú?

Y lo preguntan luego de preguntarme mi nombre, de donde vengo, e inmediatamente: “Perú es hermoso! Qué haces acá? No quieres volver a Perú?” como si fuera una pregunta tan simple como si quiero té o café, o si prefiero PC o Mac. Joher. ¿Volvería a Perú?

Luego hay días como el día del padre que acaba de pasar donde extrañas a tu familia, tradicionales reuniones familiares, los desayunos de domingo o, simplemente, el abrazo de mi papá, y claro que quiero volver a Perú. ¿Pero volvería a Perú?

La Mu que se fue no estaba casada, no era madre, ni tenía una hipoteca. No tenía el mismo trabajo que tiene ahora, ni siquiera la misma ropa. Hoy no se trata de volver yo sola, sino de ir con mi familia. Yo en Perú volvería a encajar como una pieza de rompecabezas que se había perdido bajo el sillón – que de poco uso se ve diferente al resto del rompecabezas, cabe donde antes cabía, pero no como antes cabía. Y además, ¿dónde caben mis otros dos adjuntos? Y yo sé que al final todo se puede, si una peruana y un kiwi pudieron irse a vivir a holanda, por qué no poder volver a Lima? Pero ese no es el punto.

¡El punto es que te acabo de conocer y me estás preguntando si volvería a Perú como si me preguntaras si vino tinto o vino blanco! La gente no se da cuenta.

Luego trato de responder y mi cabeza se enreda. Me pongo triste y un poco nostálgica. Suelo empezar diciendo que volvería por mi familia (seamos honestos, nadie vuelve por el tráfico, ni nadie vuelve por la seguridad ciudadana), si vuelvo es por mi familia. Pero entonces, ¿por qué no vuelvo?! ¿Será que hice de Holanda mi hogar? ¿Será que además soy feliz acá? Quizá este ritmo de vida me cae bien. No tengo familia ni muchos amigos, pero esos que tengo los adopto como familia. Y cuando me doy cuenta, he dejado al holandés que me preguntó si volvería a Perú esperando una respuesta. Por qué me preguntas estas cosas. Ofréceme vino mejor.

La verdad es que no sé. La verdad que sí. No. No sé. Tinto, gracias.

Personal, ser mamá

A mi mami

Ayer antes de dormir pensaba en que hace muchos (pero muchos) años que no le escribía un poema a mi mami. Que por qué cuando estaba en el nido o en primaria esto era de lo más lindo y aceptado, pero ahora… ahora qué roche. Ahora no #niquefueraspoeta

Pero si a mi mami le gustaban mis rosas de papel crepé y mis collares de fideos pintados, estoy segura que le gustarán mis poetas, de cuando tenía cinco, y de cuando tenía 33. 

Mamá,
hoy quisiera sentarme al pie de tu cama
o recostarme en tu hombro
y contarte de mi día.

Mientras, quisiera acariciar tus manos
y compararlas con las mías
para saber si mis manos ya son manos de mamá
si he acariciado lo suficiente,
si he curado tantas heridas,
y limpiado tantas lágrimas,
como lo han hecho tus manos
desde que te hiciste mamá.

Luego quisiera verte a los ojos
mientras me escuchas
y saber si mis ojos ya son ojos de mamá
si tienen la misma ternura,
el mismo cansancio,
si pueden sonreír como sonríen los tuyos
desde que te hiciste mamá.

Quisiera darte un abrazo
y comparar
si mis brazos ya son brazos de mamá
si he cargado suficiente
si he abrazado suficiente
si he dado tanto comsuelo como tú
desde la primera vez que me viste llorar

Y al final, quisiera decirte gracias
con mis manos,
con mis ojos,
y con mis brazos
por ser quien eres
desde que fuiste mamá.

….

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Personal, Uncategorized

Nos falta amor en el mundo

Creo que hago esto todos los años, pero acá va de nuevo:

Presento mi petición formal para que San Valentín se convierta en un feriado oficial.

Basta con que es un feriado gringo, creado por Hallmark, para vender tarjetas, corazones y reivindicar el abandonado oso de peluche. Basta de que hay mucho tráfico y que mejor nos quedamos en casa. Basta con el uso despectivo de la palabra cursi. ¡¿Qué tiene de malo ser cursi?! ¡Qué viva ser cursi! ¡Qué viva ser el último romántico! Nos falta amor en el mundo y no queremos celebrar el único día en que se convierte en el centro de todo. “Que yo lo celebro todos los días”. ¿EN SERIO? ¿¿¿EN SERIO??? … pues qué bueno.

¿Pero qué tiene de malo celebrarlo un poco más?

Feliz día del amor, amiguitos. Ámense más, odien menos. Respeten las diferencias, no guarden rencores. El desamor no es lo mismo que el odio – perdonen. Sean felices.

Un abrazo,

Mu

Pa’ la nostalgia: de mi viejo blog, mis posts de san valentin

Personal

Un día libre de quejas

Ayer “asistí” a un evento que vi en facebook llamado (en su versión taducida) “Lunes libre de quejas”. La idea, como su nombre lo dice, es que por 24 horas, no debías quejarte, ni en tu mente, ni verbalmente. La página decía que esto ayudaría a conectarte mejor con tus sentimientos y la gente que te rodeaba.

¿Pues qué tal me fue?

Mira, no me las quiero dar de zen, pero así me sentí:

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Y lo mejor fue que casi no me di cuenta. Es más, no fue hasta la hora del almuerzo en que estaba almorzando con mis colegas cuando una de ellas se quejó (con nosotras) sobre la música del pianista que tocaba en el restaurante. ¿Y qué tenía de malo? Pues yo de música no sé nada pero, en mi opinión, nada. Entonces me acordé que hoy estaba en mi “Lunes libre de quejas”, me dijo que ella también pero que ya había fallado hace rato.

Le di una vuelta a mi día y me acordé de algunos momentos en los que pude haberme quejado, sin embargo, no se me ocurrió.

  • Salir de mi casa a casi las 8am, el día aún oscuro, con un súper frío y una neblina que no te dejaba ver más allá de tus narices. ¿Pues qué hice? Le tomé una foto, porque para qué, esa neblina era bien pintoresca.
  • Darme cuenta que había dejado la llave de la bicicleta en mi casa (tengo una bici en la guardería, así llego más rápido a la estación luego de dejar a Mucita). ¿Pues qué pensé? Mejor, porque olvidé mis guantes y así puedo tener mis manos en los bolsillos.
  • El bus estaba muy lleno cuando llegó. ¿me quejé por non ir sentada? No, pensé que al menos apretaditos, más calientes.

(Todo esto es cierto)

Finalmente al medio día, durante el almuerzo, me acordé que “estaba asistiendo” a este evento. Entonces fui un poco más consciente y, todo bien. Pasé el reto.

Como sea, o la tuve fácil, o simplemente no soy una persona que se queja fácilmente. Y (acá viene la reflexión), quizá estoy hablando de una perspectiva privilegiada: tengo salud, abrigo, casa, comida, trabajo y 4g en el celular. Mis necesidades más básicas están cubiertas y no tengo de qué quejarme.

Pero precisamente mi punto, quizá tú también. Pero igual encuentras que el pianista no está tocando tu música favorita y, por ende, merece morir; que OHMARGOT hoy te tuviste que estacionar a dos cuadras de tu oficina; el polo que te querías poner aún no seca o tu jefe te ha pedido una chamba PARA AYER justo hoy que quieres ver el último episodio de Homeland. Para todo tienes dos opciones: te quejas o lo negocias (contigo, o con quien sea necesario).

Y sinceramente, creo que a veces no vale la pena quejarse.

¿qué te parece? ¿te animas? te invito a organizar tu propio evento. yo empezaré una vez al mes. ¡Suerte!

Personal, Uncategorized

Afortunada

Ya lo dije una vez, hace 10 años en el viejo blog, y no lo he dicho lo suficiente: me siento una persona afortunada.

Y no porque me haya ganado la lotería, aunque sí gané una vez unas clases de surf en la costa verde. No lo digo tampoco porque Mucita esté durmiendo ya por 1hr y 44 minutos en su siesta del medio día (ya me karmeé, ahorita se levanta van a ver), ni porque suelo encontrar mi celular cada vez que se pierde. Mi fortuna es más grande.

Eventos recientes, buenos y malos, me han hecho recordar lo afortunada que soy. Primero que todo: estoy viva. Respiro, como rico, me abrigo si lo necesito y me calateo si hay una ola de calor. Estoy viva, salto, corro, camino y cazo pokemones (oh sí).

Mi familia está lejos, pero tan o más cerca que antes. Están bien, estamos unidos, y cuando pueden, vienen, visitan a Mucita, y de paso, le llenan el cajón de ropa nueva. Mi hija está sana, creciendo – lento, pero seguro- … y despierta (les dije, 1hr 46 minutos). Es una niña alegre, juega, descubre y me llena de orgullo con cada intento de palabra, cada pasito, y cada vez que me muestra que algo ha aprendido. Mi esposo es un bueno, buen esposo, buen amigo y buen padre. No se ganará premios en cuanto a cocinar, despertarse a la mitad de la noche o aguantar a Mucita llorar por más de media hora, pero, hey, intenta. Tengo trabajo, con la flexibilidad necesaria para disfrutar a mi hija en las tardes y tomarme los días que necesito para tenerla también durante el día; además de pagar mis cuentas, mi ropa, y mis vinos. Tengo amigos, amigos casi familia que están ahí aunque nos divida un océano, amigos aquí que cuando me dicen “cómo estás?” realmente quieren saber cómo estoy. Y amigos de facebook, que para qué, también me distraen de vez en vez.

 

No hay día que piense lo contrario, que piense que no tengo suficiente, que sienta que no tengo nada. Pero hay días en que no me detengo a agradecer, a Dios, al Universo, a mi familia y a quienes están ahí por mí. Gracias por tanto.

domingo, Personal, Uncategorized

Domingo, qué mal me caes hoy

Hoy estoy con grave síndrome dominguero (GSD). Tengo todos los síntomas: la mirada perdida, los flashbacks de lunes – acompañados por ansiedad de tan solo pensar en revisar mi inbox, y la sonrisa intermitente atada a los recuerdos del fin de semana. No se cura con vino, pero ayuda.

El GSD, como su nombre lo dice, suele atacar los domingos, normalmente en la segunda mitad del día; sin embargo, no es exclusivo. Lo que sí, los motivos de contagio son siempre los mismos: se acaban las vacaciones, un fin de semana largo o un día libre excepcionalmente bonito.

No me cabe duda. Me ha dado y que mal me ha caído.

También he notado que últimamente sufro de GSD más y más seguido. Se me habrán bajado las defensas con esto de ser madre. O será la adicción a la risa de mi hija, a nuestras caminatas sin apuro, a eso de estar los tres (o los cuatro, cuando Pedro nos acompaña) en la cama. Este fin, para colmo, fue especial. Porque salió el sol. Porque estuvimos los tres, inseparables. Fue mi primer día de la madre. Porque no paraste de decir papá y mamá (y mapa, y pama, y papamamapamapa).

Pucha.

22:44 del domingo. El GSD está en su pico y el vino no lo cura. Pero felizmente ayuda.