Un día libre de quejas

Ayer “asistí” a un evento que vi en facebook llamado (en su versión taducida) “Lunes libre de quejas”. La idea, como su nombre lo dice, es que por 24 horas, no debías quejarte, ni en tu mente, ni verbalmente. La página decía que esto ayudaría a conectarte mejor con tus sentimientos y la gente que te rodeaba.

¿Pues qué tal me fue?

Mira, no me las quiero dar de zen, pero así me sentí:

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Y lo mejor fue que casi no me di cuenta. Es más, no fue hasta la hora del almuerzo en que estaba almorzando con mis colegas cuando una de ellas se quejó (con nosotras) sobre la música del pianista que tocaba en el restaurante. ¿Y qué tenía de malo? Pues yo de música no sé nada pero, en mi opinión, nada. Entonces me acordé que hoy estaba en mi “Lunes libre de quejas”, me dijo que ella también pero que ya había fallado hace rato.

Le di una vuelta a mi día y me acordé de algunos momentos en los que pude haberme quejado, sin embargo, no se me ocurrió.

  • Salir de mi casa a casi las 8am, el día aún oscuro, con un súper frío y una neblina que no te dejaba ver más allá de tus narices. ¿Pues qué hice? Le tomé una foto, porque para qué, esa neblina era bien pintoresca.
  • Darme cuenta que había dejado la llave de la bicicleta en mi casa (tengo una bici en la guardería, así llego más rápido a la estación luego de dejar a Mucita). ¿Pues qué pensé? Mejor, porque olvidé mis guantes y así puedo tener mis manos en los bolsillos.
  • El bus estaba muy lleno cuando llegó. ¿me quejé por non ir sentada? No, pensé que al menos apretaditos, más calientes.

(Todo esto es cierto)

Finalmente al medio día, durante el almuerzo, me acordé que “estaba asistiendo” a este evento. Entonces fui un poco más consciente y, todo bien. Pasé el reto.

Como sea, o la tuve fácil, o simplemente no soy una persona que se queja fácilmente. Y (acá viene la reflexión), quizá estoy hablando de una perspectiva privilegiada: tengo salud, abrigo, casa, comida, trabajo y 4g en el celular. Mis necesidades más básicas están cubiertas y no tengo de qué quejarme.

Pero precisamente mi punto, quizá tú también. Pero igual encuentras que el pianista no está tocando tu música favorita y, por ende, merece morir; que OHMARGOT hoy te tuviste que estacionar a dos cuadras de tu oficina; el polo que te querías poner aún no seca o tu jefe te ha pedido una chamba PARA AYER justo hoy que quieres ver el último episodio de Homeland. Para todo tienes dos opciones: te quejas o lo negocias (contigo, o con quien sea necesario).

Y sinceramente, creo que a veces no vale la pena quejarse.

¿qué te parece? ¿te animas? te invito a organizar tu propio evento. yo empezaré una vez al mes. ¡Suerte!

Reflexiones

(sacado de mi facebook que, como yo soy bien bilingue verás, lo escribí primero en inglés)

Quizá presumo un poco, pero creo que en el 2016 ¡fui una excelente madre!
… Pero no mucho una excelente amiga, pareja, trabajadora, corredora, cocinar, estudiante de holandés o excelente nada en lo que a todo respecta.

Solía decir que el sueño estaba sobre-valorado, ahora lo considero precioso. No por esto duermo mucho luego de las 6 de la mañana, y por eso suelo ir a la cama a las 9pm. Mi agenda está llena de actividades child-friendly, preferentemente en locaciones, también, child-friendly. Esto no me causa problemas, pero en el 2017 procuraré ser un poco “más adulta”. A mis amigos del delivery: lo siento pero empezaremos a vernos  menos y empezaré a frecuentas más a mis verdaderos amigos – no sólo están cavando un hueco en mi cuenta bancaria, pero creo que debo de salir más seguido. A mis zapatillas y al gimnasio en el que llevo inscrita más de un mes sin haber puesto un pie todavía (me inscribí por internet): nos vemos pronto. A mi esposo: prometo terminar una película sin quedarme dormida (prometo tratar). Y a mi hija, prometo seguir siendo una excelente madre, ¡cometiendo quizá excelentes errores! Pero qué sería ser madre sin ellos.

Feliz año nuevo a todos. Les deseo salud y ganas – todo lo que necesitan para cumplir sus metas de este año.

Pensamientos de fin de año

  • La forma en que sentimos Diciembre es muy diferente conforme pasan los años. El otro día pensaba en mi hija, para ella todos los días son increíbles, sea julio o diciembre, invierno o verano, para ella, cada día es mejor que el anterior (o al menos, así trato que sea). Luego uno es niño, cumples 6-7 años y Diciembre es esa montaña Everest con Navidad en la cima a la que hay que llegar. ¿CUÁNTO FALTA?! Nos preguntamos todos los días. Y ahora ¿CUÁNTO? Finalmente llega Navidad, año nuevo, verano, vacaciones. PASU. Diciembre no tiene cuando llegar.

    Pero luego eres adulto. Y Diciembre no pudo llegar más rápido, y todos los deadlines, las cosas que hacer, las compras navideñas, la casa, la cena, la fiesta de la empresa, el cumpleaños de mengano, la invitación de fulano, se te enferma el bebe, el lonche por acá, el lonche por allá, quetengoqueterminarTODOantesdel23! Diciembre de bajada y tú sin frenos.

  • Por qué, por qué, POR QUÉ el terciopelo está de moda de nuevo?
  • No suelo hacer resoluciones pero creo que es momento de marcarme algunas cuantas este año. En el 2016 fui muy madre, muy poco esposa, aún menos Mu. Qué tal si en el 2017 equilibramos la balanza?
  • Y hablando de balanza… (eso es todo lo que voy a decir)
  • Hoy llega mi hermana a quedarse 3 semanas conmigo. No importa cuántos años lleve viviendo afuera, en Navidad aún necesito estar con mi familia, al menos con un pedacito. Me siento agradecida.

Feliz Navidad lectores, por si acaso no me ven hasta el próximo año 🙂

 

Todo suma

Un post cortito sobre algo que me pasó hoy en la guardería.

Como todas las mañanas, fui a dejar a Mucita a la guardería. Me senté un rato con la “Miss” para contarle cómo andaba todo (lo admito: hablamos de texturas y colores de cacas) y en ese momento de distracción, niñoniña (pues aún no lo descifro y que se llame “Jesse” no me ayuda) trataba de quitarle un juguete a mi hija, quien como es más chiquita, se cayó en la jaladera. Y LOS DOS se pusieron a llorar. Algo así.

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La “miss”, se levantó, tomó a Mucita y la puso en mi regazo, le dio el juguete, y puso a niñoniña a su lado y le dijo que primero juega Mucita, luego ella. Que hay que compartir. Que así se juega mejor.

TOTALMENTE DE ACUERDO. … ¿o no?

Terminamos de hablar de cacas y me fui a casa pensando: “yo lo hubiera hecho diferente” (Y por diferente, no digo que mejor). Para empezar, no vi quién tenía el juguete primero, solo via cuando niñoniña (disculpen, ahora me siento mal por el apodo, se llama Jesse), solo via cuando Jesse trataba de quitárselo. Pero por algún motivo, en mi cabeza yo le hubiera dicho a Mucita que se lo dé, que ahora Jesse quiere jugar con el jueguete, que hay más para elegir y que después juega ella. Cero conflicto.

PERO LE IBA A ENSEÑAR A MI HIJA A SER UNA MONGA. Pero fuera de bromas. Le estaba diciendo (en mi mente, todo esto en mi mente) que ella no podía tener lo que quería, a ser buena gente, sí, pero YA MUY BUENA GENTE, ¿no? Yo sé que es un ejemplo pequeño, pero de hecho me hizo pensar. Cada cosita tiene un efecto, y todo suma. Enseñar respeto en amas direcciones. A compartir, en ambas direcciones. Lo que es suyo, es suyo.

Cosas para tener en cuenta. Creo yo.

Invierno, no te quiero

Invierno, no quiero tu frío. Ni tu lluvia. Ni tu nieve que quiere ser más lluvia que nieve.

No quiero tu ropa. Tus capas sobre capas (sobre capas). Linda ropa en los catálogos, sí; pero en la ciudad todos con pantys negras, botas negras, abrigos negros. Abrigos verdes militar. Abrigos marrones. Un abrigo rojo. Dos grises. Siete negros.

No quiero tu nieve. Muy bonita en los catálogos, muy romántica en Love Actually. Pero la verdad es que la nieve no es más que agua congelada. Moja. Congela. Por más capas (sobre capas) que te pongas. (Seamos realistas, nadie se va a trabajar en trajes de ski).

Invierno, no te quiero. A ti, tan largo; y tus días, tan cortos.

Invierno, pero no es contigo. Es que tú y verano no conviven. Llegas tú y el sol deja de calentar (y a veces ni visita). Llegas tú y, de pronto, no sé que ponerme (qué más da, si al final lo cubriré con un abrigo). Llegas tú y esperar el bus se vuelve una tortura. Llegas tú y se acaban las salidas al parque. Llegas tú y las terrazas se vacían. No eres tú! (pero todos sabemos que es por ti).

Invierno, sé que aún no llegas pero  este cuerpo latino ya siente frío en tus mañanas europeas. Y eso que “aún hace un buen tiempo para ser Octubre!”. Pero a mí no me engañan. Invierno, no me engañes – o te querré aún menos.

Me voy de viaje (Parte 1: el antes)

Me voy de viaje.

En cualquier otro momento de mi vida, esto sería un “me voy de viaje!!!” Hoy en cambio, te lo digo un poco así:

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Me voy de viaje…!!…!…!

Es que me voy por trabajo. Cinco días. Sin mi hija.

Vale mencionar que, además de mis 8 horas de trabajo diarias en las cuales mi hija se vacila horrores en la guardería (le encanta, lo sé porque apenas ve a su “miss” se olvida de mí y si no salta de mis brazos es porque aún soy más fuerte que ella), solo he estado lejos de ella por máximo 5 horas si es que una noche decidí salir con mis amigas o tener una cita con mi esposo (la cual es siempre lo más cerca posible de casa).

Vale también mencionar que en estos 11 meses y 1 semana, no ha habido noche en que no haya dormido 4mt. de distancia de ella (si no menos), y con la excepción de algunas noches que puedo contar con la palma de mi mano, he sido yo quien la ha puesto a dormir. También he sido yo, el 100% de las veces, quien se ha levantado cuando ha llorado en las noches (algunas noches, junto con mi esposo, pues necesitaba una tercera mano o un segundo par de brazos). Pero la del turno nocturno, so yo.

Y ahora me voy. Y no a cualquier parte. Me voy  a ASIA. Suena bonito? paja? exótico? SíPeroNoMeImporta

(pero por eso, con fe, este post es el primero de dos partes: el antes y el después)

Pero por eso me voy de Lunes a Viernes, ni un día más. ¿Qué aprovechar para quedarte el fin de semana y conocer Malasia? TASLOCA. Me voy corriendo al aeropuerto apenas termino mi chamba. Y si no me fui la noche antes, es porque el vuelo estaba lleno #TrueStory.

Pero qué me preocupa? Ella va a estar bien. Estoy preocupada por este par:

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Y claro que lo sé. Sé que voy a dormir más. Sé que voy a tener tiempo de ir al gimnasio del hotel en las mañanas. Sé que voy a poder tomar mi café caliente, y comer mis cenas con calma y de un tirón.  Sé que estaré re ocupada durante el día y, quizá en eventos sociales en la noche, y que aún así tendré tiempo de sobra. PERO…

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Pero soy  mamá

Yo sé que sobreviviremos. Yo con más horas de sueño, él con más pizzas.

Ya les cuento luego cómo me fue.

Un bostezo para las mamis cansadas

Un bostezo para las mamis cansadas.

Y yo sé que hay papis que se merecen este saludo, pero este va para las mamis.

Un bostezo por la levantada de anoche. Por la primera y, quizá también por la segunda. Por la tercera? Vale. Para la mami a la que le bastó con una levantada de polo para calmar el llanto, para la que bajó a calentar la botella y para la que tuvo que mecer, cantar y hasta bailar pegado antes de lograr conciliar el sueño de su pequeñín. Un bostezo para ti.

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Un bostezo porque es lunes, pero bien podría ser miércoles, viernes o sábado. Todos los días son iguales desde que nos hicimos mamis. Un bostezo para la que se fue a trabajar, quizá con el ojo a medio pintar, con la cabeza a medio peinar y con la blusa a medio abrochar. Otro bostezo para la que se quedó en casa para ocuparse de su pequeño, y que a su hora de la siesta, solo podrá aprovechar para levantar la ropa del suelo, organizar las cuentas, atender encargos, hacer las compras. Un bostezo para ustedes.

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Un bostezo por ese café que no termina de hacer su trabajo.

Un bostezo para las mamis que tienen miedo de admitir que están cansadas. Mamis: estamos cansadas. No de ser mamis, pero igual cansadas.

Un bostezo, y un respiro, para las mamis que se olvidan las llaves, se olvidan de poner los pañales extra en el bolso, la comida para la tarde a la hora de salir. Para quien volvió del supermercado sin la leche, sin lo que se fue a comprar. Para quienes se distrajeron un rato porque las musarañas, porque el sol de Piura. Porque se chancó los deditos, se tropezó con sus propios pies. Un respiro más para las mamis que necesitan un break. No eres tú, eres tú.

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