Personal, ser mamá

A mi mami

Ayer antes de dormir pensaba en que hace muchos (pero muchos) años que no le escribía un poema a mi mami. Que por qué cuando estaba en el nido o en primaria esto era de lo más lindo y aceptado, pero ahora… ahora qué roche. Ahora no #niquefueraspoeta

Pero si a mi mami le gustaban mis rosas de papel crepé y mis collares de fideos pintados, estoy segura que le gustarán mis poetas, de cuando tenía cinco, y de cuando tenía 33. 

Mamá,
hoy quisiera sentarme al pie de tu cama
o recostarme en tu hombro
y contarte de mi día.

Mientras, quisiera acariciar tus manos
y compararlas con las mías
para saber si mis manos ya son manos de mamá
si he acariciado lo suficiente,
si he curado tantas heridas,
y limpiado tantas lágrimas,
como lo han hecho tus manos
desde que te hiciste mamá.

Luego quisiera verte a los ojos
mientras me escuchas
y saber si mis ojos ya son ojos de mamá
si tienen la misma ternura,
el mismo cansancio,
si pueden sonreír como sonríen los tuyos
desde que te hiciste mamá.

Quisiera darte un abrazo
y comparar
si mis brazos ya son brazos de mamá
si he cargado suficiente
si he abrazado suficiente
si he dado tanto comsuelo como tú
desde la primera vez que me viste llorar

Y al final, quisiera decirte gracias
con mis manos,
con mis ojos,
y con mis brazos
por ser quien eres
desde que fuiste mamá.

….

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Mamá de Vacaciones, Paternidad, ser mamá

Con una rubia en el avión

De volar Amsterdam-Lima-Amsterdam con mi pequeña de 18 meses, además de su respectivo jetlag. 

¿Qué hemos aprendido?

  • Tu  maleta de mano tiene un límite (y no es solo el que te pone la aerolínea, sino lo que puedes cargar tú), o sea que debes ser selectiva con lo que traes: cuentos pequeños y delgados, rompecabezas livianos, unas cuántas hojas para colorear o un libro de stickers. Al final, tú conoces a tu hijo/a, tú sabes qué le gustará más. En mi caso, los top fueron:
    • El rompecabezas con las puertitas – es su favorito en casa, ¿por qué no lo sería en el avión?
    • Un libro de stickers
    • El ipad con su dibujo favorito (Mucita es fan de Pocoyó, y es un dibujo tan simple y dulce que yo feliz de mostrárselo una que otra vez)
    • Y caminar – mirar las miles de caras en el avión, sentarnos en el medio donde había más espacio y asomarnos por la ventana

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  • No te olvides de la ropa extra (para ti y para baby) – por suerte no la necesitamos, pero nunca se sabe.
  • Y snacks – los saludables y los no tanto. Para nosotros fue yoghurt, plátano y bizcochitos, además de su cena y desayuno (por eso digo, recuerda que la maleta tiene un límite)

Y qué más aprendimos?

  • Las aeromozas son buenas. Te van a ayudar y van a ser pacientes si es que justo estás en el camino cuando pasaban con su carrito.
  • Si tu hijo no paga ticket todavía, piensa bien si vale o no la pena pagar el precio de un asiento. Te cuento: de ida, el vuelo no iba lleno y pudimos acomodar a Mucita en un asiento libre entre mi esposo y yo. PERO DE REGRESO, no tuvimos ese lujo, y si bien Mucita durmió como 8 de las 12 horas de vuelo, nosotros no. Más el dolor de rodilla y el brazo adormecido, ¡y eso que solo pesa 10 kilos!
Esto fue de ida – de regreso no tuve brazos para tomar una foto

 

  • Averigua si el aeropuerto tiene áreas para niños, mientras esperas tu vuelo. El Schiphol de Amsterdam tiene un área de juegos interactivos. Una maravilla, hizo la espera muuuucho más fácil.
  • Agua y snacks – no lo olvides
  • Los vuelos cortos y aviones pequeños son los que suelen dar dolor de oído al aterrizaje. Si tu hijo puede, dale pasas para masticar en el aterrizaje, o un biberón con agua y leche al bajar. asegúrate que su nariz esté despejada, si  anda constipado, usa un spray de nariz 20 minutos antes del aterrizaje #salvavidas
  • Si tu hijo llora, olvídate, CERO ROCHES. CERO.

Y sobre el jetlag?

PACIENCIA Y BUEN HUMOR. Dicen que es un día por cada hora de diferencia… nosotros solo tuvimos 3 malas noches al regreso (y eran 7 horas de diferencia), en la ida, solo tuvimos una mañana exagerada (despiertas desde las 2:30am). Tú dale al ritmo y se acomodará eventualmente. No creo que exista una regla, solo paciencia y buen humor.

Paternidad, Uncategorized

Colegios ya?

Se acuerdan cuando escribía sobre mi embarazo? sobre los preparativos previos a ser madre? Luego Mucita nació y les contaba lo que hacíamos las dos solas durante mi licencia postnatal? O cuando bañarme era como que el objetivo inalcanzable del día?

Bueno, pues la próxima semana tenemos una cita PARA VISITAR COLEGIOS.

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(Bueno, un colegio.)

Pero a lo que voy… en qué momento pasó el tiempo?!

Sucede que me estaba pasando muy seguido, decir que mi hija tenía 16 y 17 meses y escuchar de vuelta: “Y ya la inscribiste al colegio?” ¿Perdón? Yo sé que acá mis amiguitos holandeses son bien organizados y mi agenda para mayo ya está completamente bookeada, pero esto es una locura.

Pero como dice el dicho, en Roma… como los Holandeses. Y tenemos una cita la próxima semana. Obvio que primero hice mi tarea, y me provocó contarte un par de cositas que he aprendido sobre la educación acá en Holanda

  • Los niños tienen el derecho (y padres, la obligación de que ocurra) de empezar el colegio a los 5. Pero pueden empezar desde los 4. Lo curioso es que no esperan al “comienzo de año” para empezar sus clases, sino que muchos empiezan el día siguiente de cumplir los cuatro años. (Yo estoy segura que tiene mucho que ver con que finalmente podemos dejar de pagar la millonada que nos cuesta la guardería para mandar a nuestros hijos al colegio público. #kaching)

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  • Acá estamos bien con la prueba de PISA 🙂
  • Son 8 años de primaria, y pasados estos 8 años, tu hijo dará un examen. Según el resultado, recibirá una recomendación de qué tipo de secundaria deberá atender. Y dependiendo de su secundaria, es el perfil de universidades y carreras que podrá elegir. O sea, a los 12-13 años, ya sabrás si eres doctor o artesano. Obvio, esto no es tan blanco y negro, puedes (a) no hacerle caso a la recomendación o (b) volver a dar un examen más adelante a ver si puedes cambiar de línea… pero es, casi-casi, bien blanco y negro.

    It is typically difficult to change vocational streams, however, in 2017 the Dutch government announced they would consider testing again at age 14 to reassess a student’s capabilities before entering the third year. This would give a chance for late bloomers or hard-working students to change to a higher education stream, and create more equality in the Dutch education system.

    No sé tú, pero a mí esto me parece locazo.

Y ahora le toca a Mucita. Bueno, en verdad aún en un par de años. Pero la próxima semana iremos a visitar su colegio. Nos hacemos viejos, Manolo.

 

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Nos falta amor en el mundo

Creo que hago esto todos los años, pero acá va de nuevo:

Presento mi petición formal para que San Valentín se convierta en un feriado oficial.

Basta con que es un feriado gringo, creado por Hallmark, para vender tarjetas, corazones y reivindicar el abandonado oso de peluche. Basta de que hay mucho tráfico y que mejor nos quedamos en casa. Basta con el uso despectivo de la palabra cursi. ¡¿Qué tiene de malo ser cursi?! ¡Qué viva ser cursi! ¡Qué viva ser el último romántico! Nos falta amor en el mundo y no queremos celebrar el único día en que se convierte en el centro de todo. “Que yo lo celebro todos los días”. ¿EN SERIO? ¿¿¿EN SERIO??? … pues qué bueno.

¿Pero qué tiene de malo celebrarlo un poco más?

Feliz día del amor, amiguitos. Ámense más, odien menos. Respeten las diferencias, no guarden rencores. El desamor no es lo mismo que el odio – perdonen. Sean felices.

Un abrazo,

Mu

Pa’ la nostalgia: de mi viejo blog, mis posts de san valentin

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El cerebro a mil

Hoy me está costando mucho concentrarme (dijo Mu, mientras empezaba un nuevo post en horas de trabajo). Es que me he dado cuenta que mi cerebro anda a mil, pidiendo a gritos un poco de mindfulness, pero como esas cosas ME VALEN, solo me queda cerrar los ojos y aprovechar la carrera – a que así soy más eficiente.

Mientras me baño, debo pensar qué me pongo.
Obvio que estoy pensando qué me pongo, eso es número uno. No salgo de la ducha sin saber qué me voy a poner hoy día. Si es que no me decido, entonces decido trabajar de casa. Cerrado, jean y polo. Cualquier jean. Cualquier polo. ¿Y qué va a desayunar hoy Mucita?

Mientras la cambio, pienso en el desayuno.
Hoy qué come, ¿tengo todo? ¿debería pasar por el supermercado regresando de la guardería? Necesito yoghurt… ¿tengo algo para almorzar hoy día?

Ya estoy en el supermercado y paseo rápido pensando qué voy a cocinar esta tarde para la cena.
Mientras hago una revisión mental de mi refri, lo que compré la última vez. Al final salgo solo con un yoghurt y nada más. Tanta vaina.

Trabajo, trabajo, trabajo ooohhh Facebook! Un video más de tasty… ah! pero este de comidas para mucita!
¿Y si le preparo algo así? ¿Cómo estará hoy en la guardería? Si no me han llamado es porque no le ha vuelto a subir la fiebre. Debe estar bien. Pero si se lo preparo y no se lo come, ¿qué come? Espérate que tengo que escribir sobre esto porque me estoy volviendo loca.

*y heme acá*

 

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Esta carta es para ti

Mucita, a sus 16 meses – casi 17, es un vacilón. Tengo tanto que decirle, y si hoy no le escribo un poco, me va a estallar el corazón.

Cosita hermosa,

Hoy tienes 16 meses, casi 17, y a mí se me sigue cayendo la baba por ti (pero al menos yo soy caleta, tú a veces te conviertes en pileta andante, sobre todo cuando está por salirte otro de esos dientecitos que forman tu bella sonrisa).

Tu sonrisa! Eres una risueña. Y no solo ríes con la boca, pero también con el cuerpo. A veces, cuando estás muy feliz, haces la de happy feet, y yo me mato de risa viéndote mover el potito.

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Sabes cuando estás haciendo algo bien. En eso, nos miras a mí y a Papa con el pecho hinchado de orgullo. Incluso, a veces te aplaudes, mi pequeña rockstar.

Hablas! Claro que hablas. Claro que la mayoría de veces, no sé qué dices. si es Holandés, inglés o español, una combinación de todos o un idioma inventado por ti. Pero dices  “caca” cuando buscas tu casaca, dices “kitty”, “pez”, “pato” (para pato y zapato) y dices “eten” (=cominda), “ka!” (= klaar = listo), “piggy”, “chi” (=cheese). También dices “chau” y “bye”, siempre con un beso volado. Especialmente cuando te dejo en las mañanas en el nido, donde todos tus amiguis te reciben felices, ¡a veces, inlcuso, con besos y abrazos!  Amas el nido, pequeña. Pero también te emocionas cuando llego al final del día a recogerte. Me recibes con un “Mama!” gigante, y luego empiezas a correr para que yo te alcance. 

Te encantan los libros. “Tata!” con un libro en la mano, y te sientas a mi lado para que te lea el cuento. Luego termino, y le haces lo mismo con Papa, quien te lee el mismo cuento pero en inglés. Luego cambias de libro y se repite de nuevo. Me encanta cómo nos escuchas. Bueno, me encanta todo lo que haces. 

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Mama está en una misión que emprende cada fin de semana: encontrar un lugar con buen café y un espacio para que puedas jugar. Hemos descubierto lindos lugares en nuestra ciudad, la verdad que si antes me gustaba mi pueblo, ahora me encanta más que puedo descubrirlo contigo. Esta es nuestro último descubrimiento, pronto agarrarás más confianza y quizá usarás el tobogán.

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Déjame también felcitarte, pequeña, pues ahora COMES. Y CÓMO COMES! Bueno, tampoco no es para decir qué bruuuuto cómo comes, pero finalmente, luego de 15 meses comiendo comida de bebé, insípida y chancada (y debo decir, CARA!), finalmente comes lo que mamá prepara. Ahí es cuando a mí se me hincha el pecho de orgullo. Nos tomó paciencia y buen humor, y ahora andamos descubriendo nuevos sabores y texturas cada día.

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Pasta, salmón, alverjitas y poro. Un éxito a la primera!

Pero claro, así como comes, ensucias. A ti, a la mesa y el piso. Pero caramba, ni modo, no? También caminas y corres, nos has llenado la casa de juguetes y a Pedro, lo sacas de quisio con tus “caricias”. Yo sé que te mueres por él, pero él no sé que tanto… Disfrutas de nuestros viajes en bicicleta (aunque a veces se te enfríen las manos porque no te gusta usar guantes) y dentro de todo, eres una niña feliz, con salud y con un corazón gigante – tan gigante como tu casaca, que a veces te pesa un poco y te tumba “pum”.

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te adoro, cosita. 

x Mama

PS. Apúrate, verano.

Personal

Un día libre de quejas

Ayer “asistí” a un evento que vi en facebook llamado (en su versión taducida) “Lunes libre de quejas”. La idea, como su nombre lo dice, es que por 24 horas, no debías quejarte, ni en tu mente, ni verbalmente. La página decía que esto ayudaría a conectarte mejor con tus sentimientos y la gente que te rodeaba.

¿Pues qué tal me fue?

Mira, no me las quiero dar de zen, pero así me sentí:

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Y lo mejor fue que casi no me di cuenta. Es más, no fue hasta la hora del almuerzo en que estaba almorzando con mis colegas cuando una de ellas se quejó (con nosotras) sobre la música del pianista que tocaba en el restaurante. ¿Y qué tenía de malo? Pues yo de música no sé nada pero, en mi opinión, nada. Entonces me acordé que hoy estaba en mi “Lunes libre de quejas”, me dijo que ella también pero que ya había fallado hace rato.

Le di una vuelta a mi día y me acordé de algunos momentos en los que pude haberme quejado, sin embargo, no se me ocurrió.

  • Salir de mi casa a casi las 8am, el día aún oscuro, con un súper frío y una neblina que no te dejaba ver más allá de tus narices. ¿Pues qué hice? Le tomé una foto, porque para qué, esa neblina era bien pintoresca.
  • Darme cuenta que había dejado la llave de la bicicleta en mi casa (tengo una bici en la guardería, así llego más rápido a la estación luego de dejar a Mucita). ¿Pues qué pensé? Mejor, porque olvidé mis guantes y así puedo tener mis manos en los bolsillos.
  • El bus estaba muy lleno cuando llegó. ¿me quejé por non ir sentada? No, pensé que al menos apretaditos, más calientes.

(Todo esto es cierto)

Finalmente al medio día, durante el almuerzo, me acordé que “estaba asistiendo” a este evento. Entonces fui un poco más consciente y, todo bien. Pasé el reto.

Como sea, o la tuve fácil, o simplemente no soy una persona que se queja fácilmente. Y (acá viene la reflexión), quizá estoy hablando de una perspectiva privilegiada: tengo salud, abrigo, casa, comida, trabajo y 4g en el celular. Mis necesidades más básicas están cubiertas y no tengo de qué quejarme.

Pero precisamente mi punto, quizá tú también. Pero igual encuentras que el pianista no está tocando tu música favorita y, por ende, merece morir; que OHMARGOT hoy te tuviste que estacionar a dos cuadras de tu oficina; el polo que te querías poner aún no seca o tu jefe te ha pedido una chamba PARA AYER justo hoy que quieres ver el último episodio de Homeland. Para todo tienes dos opciones: te quejas o lo negocias (contigo, o con quien sea necesario).

Y sinceramente, creo que a veces no vale la pena quejarse.

¿qué te parece? ¿te animas? te invito a organizar tu propio evento. yo empezaré una vez al mes. ¡Suerte!