Esta carta es para ti

Mucita, a sus 16 meses – casi 17, es un vacilón. Tengo tanto que decirle, y si hoy no le escribo un poco, me va a estallar el corazón.

Cosita hermosa,

Hoy tienes 16 meses, casi 17, y a mí se me sigue cayendo la baba por ti (pero al menos yo soy caleta, tú a veces te conviertes en pileta andante, sobre todo cuando está por salirte otro de esos dientecitos que forman tu bella sonrisa).

Tu sonrisa! Eres una risueña. Y no solo ríes con la boca, pero también con el cuerpo. A veces, cuando estás muy feliz, haces la de happy feet, y yo me mato de risa viéndote mover el potito.

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Sabes cuando estás haciendo algo bien. En eso, nos miras a mí y a Papa con el pecho hinchado de orgullo. Incluso, a veces te aplaudes, mi pequeña rockstar.

Hablas! Claro que hablas. Claro que la mayoría de veces, no sé qué dices. si es Holandés, inglés o español, una combinación de todos o un idioma inventado por ti. Pero dices  “caca” cuando buscas tu casaca, dices “kitty”, “pez”, “pato” (para pato y zapato) y dices “eten” (=cominda), “ka!” (= klaar = listo), “piggy”, “chi” (=cheese). También dices “chau” y “bye”, siempre con un beso volado. Especialmente cuando te dejo en las mañanas en el nido, donde todos tus amiguis te reciben felices, ¡a veces, inlcuso, con besos y abrazos!  Amas el nido, pequeña. Pero también te emocionas cuando llego al final del día a recogerte. Me recibes con un “Mama!” gigante, y luego empiezas a correr para que yo te alcance. 

Te encantan los libros. “Tata!” con un libro en la mano, y te sientas a mi lado para que te lea el cuento. Luego termino, y le haces lo mismo con Papa, quien te lee el mismo cuento pero en inglés. Luego cambias de libro y se repite de nuevo. Me encanta cómo nos escuchas. Bueno, me encanta todo lo que haces. 

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Mama está en una misión que emprende cada fin de semana: encontrar un lugar con buen café y un espacio para que puedas jugar. Hemos descubierto lindos lugares en nuestra ciudad, la verdad que si antes me gustaba mi pueblo, ahora me encanta más que puedo descubrirlo contigo. Esta es nuestro último descubrimiento, pronto agarrarás más confianza y quizá usarás el tobogán.

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Déjame también felcitarte, pequeña, pues ahora COMES. Y CÓMO COMES! Bueno, tampoco no es para decir qué bruuuuto cómo comes, pero finalmente, luego de 15 meses comiendo comida de bebé, insípida y chancada (y debo decir, CARA!), finalmente comes lo que mamá prepara. Ahí es cuando a mí se me hincha el pecho de orgullo. Nos tomó paciencia y buen humor, y ahora andamos descubriendo nuevos sabores y texturas cada día.

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Pasta, salmón, alverjitas y poro. Un éxito a la primera!

Pero claro, así como comes, ensucias. A ti, a la mesa y el piso. Pero caramba, ni modo, no? También caminas y corres, nos has llenado la casa de juguetes y a Pedro, lo sacas de quisio con tus “caricias”. Yo sé que te mueres por él, pero él no sé que tanto… Disfrutas de nuestros viajes en bicicleta (aunque a veces se te enfríen las manos porque no te gusta usar guantes) y dentro de todo, eres una niña feliz, con salud y con un corazón gigante – tan gigante como tu casaca, que a veces te pesa un poco y te tumba “pum”.

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te adoro, cosita. 

x Mama

PS. Apúrate, verano.

“Yo lo haría diferente”

La ignorancia es atrevida… e idealista. Hoy como madre, caigo en cuenta que yo también me encontraba en el grupo de “mm… yo lo haría diferente” en relación a la crianza cuando no tenía ni la más tímida idea de lo que hablaba.

Caso 1: “Mis amigos con hijos siempre quieren reunirse temprano. #YoLoHariaDiferente Cuando tenga hijos, les voy a enseñar a socializar y se van a acosumbrar al ruido para que puedan dormir en reuniones. En resumen: no va a afectar mi vida social”.

¡Levante la mano quien pensó como yo!

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Quien no tuvo hijos, no sabe lo que es un bebé cansado pero sobre estimulado que no quiere dormir. Y no sabe lo agotador (físico y mental) que es tratar de hacerlo dormir la noche siguiente cuando le paras cambiando su rutina. Y ni hablar de la pena que siento cuando veo a Mucita cansada pero yo aún lejos de casa porque aceptamos salir a comer de todas formas.

Amigos que insitían con cenar a las 6pm: lo siento cuántlosiento

Caso 2: “No vas a dar de lactar, ¡qué pena! #YoLoHariaDiferente Yo voy a dar de lactar mínimo hasta el año. Pero lo que hace mi prima es admirable, espero poder dar de lactar hasta los dos años o más como hizo ella”

por ahí veo algunas manos… 

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Primero que todo, la lactancia tiene un comienzo difícil: duele, toma tiempo, y muchas veces, el bebé pasa hambre. A todo esto, en mis dos primeros días tuve que complementar con fórmula porque Mucita no paraba de llorar de hambre pues lo que yo tenía parecía no ser suficiente.

Luego de eso, cumplí con mis seis meses de lactancia exclusiva; y hoy, con casi 10 meses, practicamos lactancia complementaria, es decir, dos biberones al día ahora son con fórmula, además de que ya come sólidos. Sin embargo, y acá viene el issue: el extractor de leche me tiene HARTA. Últimamente, lo veo y sufro. NO LO QUIERO. En estas últimas semanas, he estado sacándome leche solo una vez durante el día y mi producción ha disminuido. Se viene el fin, lo siento. Y lo siento 😦

Caso 3: “Tu bebé solo come papas fritas? #YoLoHariaDiferente Mi bebé solo comida sana, solo comida hecha en casa, y comerá de todo”.

A ver, esas manos?!

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Aún no he llegado a las papas fritas. Pero como van las cosas, no sé qué puede pasar. Pues he llegado al punto de que Mucita prácticamente elige lo que come: cuando no le gusta lo triturado, lo licúo; cuando no le gusta lo que licué (así se escribe?), le doy un envase de supermercado. Si eso no funciona, no comemos. Así de simple.

Como lo dije en un post anterior, en este punto de su vida, creo que Mucita sabe mejor que yo lo que quiere y que necesita. (Bueno sería que esto dure por siempre, no? “no mami, yo no salgo con esos chicos porque son mala influencia para mí y mis estudios” – soñó Mu).

Moraleja: todos somos padres perfectos hasta que tenemos hijos, y eso es lo bonito del asunto: que todos somos un manojo de imperfectos haciendo malabares con el único fin de que nuestros hijos crezcan bien, y sean felices. Salud caracho.

 

Que quiero yo por el día de la madre

Mañana es mi primer día de la madre y ya sé que quiero.

Quiero esto:

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Que qué es? Ni idea.

Mentira, sí sé lo que es.

Es un regalo de mi hija para mí. Serán huellitas, serán garabatos; o será un papel arrugado o manchas en un papel. No importa. Es un regalo que me dice que mi hija ese día experimentó algo nuevo en la guardería (lo sé porque ese día regresó con el polo con manchitas de colores). Como es curiosa como ella sola, se la pasó sonriendo todo el proceso, sintiendo las texturas de la pintura, y viendo como los otros niños hacían lo mismo que ella. O no.

A veces la miro y pienso: Mucita está teniendo el mejor día de su vida hasta ahora. Ese día, quizá, fue el mejor día de su vida (hasta ese día).

Además, este regalo me dice que mi hija está sana, que está creciendo bien (quizá algo más chata que la curva europea pero es que algo tenía que sacar mío), pero creciendo bien. A sus 7 – casi 8 – meses, es una bebé feliz y me encanta. Me agota, sí, pero es porque todo quiere ver y todo quiere hacer. Le gusta estar en brazos, sí, pero porque así se mueve más rápido y lo ve todo desde más alto. También le gusta el suelo, se arrastra firme, decidida, como si supiera a dónde está yendo.

Este paquetito morado me recuerda todo esto y, por qué no, me llena de orgullo. Yo no sé qué estoy haciendo, pero parece que lo estoy haciendo bien (OK, también créditos para el esposo 😉 ). Pero por eso, este día de la madre no quiero flores, no necesito masajes, el desayuno en la cama, ni una hora de sueño más. Quiero a mi hija y quiero eso. Sea lo que sea, porque igual, ya sé lo que es.

El confesionario I

Bienvenidos al confesionario – que como su nombre lo dice, es donde vengo a contarles mis secretos / pecados / OOPSIS de mami. Porque vamos, que tire la primera piedra quien no ha cometido ningún oopsi!

He descubrierto un nuevo gesto en la cara de Mucita: su carita de puaj. Es casi tan rica como su sonrisa de dos dientes. Confieso que quiero darle más de esa comida que no le gusta solo para verla poner esa mueca de nuevo. Es más, probemos una vez con el quáker…

6 meses, corazón (parte 2)

Mientras Mucita lo descubre todo en este mundo, yo descubro un nuevo mundo en donde ya vivía.

Aprendí que no se puede hacerlo todo, y que no DEBO hacerlo todo. Hay días en que llegaré tarde al trabajo, por más de haber estado despierta desde las cinco de la mañana. Y cuando den las cinco de la tarde, es hora de cerrar el kiosko porque Mucita no se va a recoger sola de la guardería y que hay algo más importante que un e-mail que responder o una presentación que terminar. Aprendí a que sí hay cosas que puedes dejar para mañana

Además, aprendí a pasar la bola. Nuevamente: no puedo ni debo hacerlo todo, por más que secretamente lo quiera, por más que me refugie bajo mi excusa de la lactancia exclusiva como única proveedora de alimento. Mi mami también puede bañarla, Papi también puede recogerla y alimentarla, madrina también puede hacerla dormir.

Aprendí a que el mejor método de crianza es el animal: puro instinto; a filtrar consejos y poner buena cara (o quizá aún no me sale lo de la buena cara). A que mi bebé es única y de que esto de sentarse, dar la vuelta, el primer diente, la primera palabra no es una carrera. Esto es un paseo y la vista es maravillosa. Aprendí a disfrutar las etapas, porque la vida no tiene rewind, y además, no hay tal cosa como demasiadas fotos. A todo esto, aprendí a que siempre hay que tener una cámara a la mano.

Aprendí la importancia de hacer tus ejercicios kegel (amiga: no lo dudes), que esto de “yo nunca me enfermo” pierde toda validez una vez que tu peque entra a la guardería; aprendí a que sí puede haber alguien en este mundo que sonríe cuando me escucha cantar, y así me aprendí la canción de pimpón, del brujito de gulubú y dame un par de días que te estaré cantando la reina batata. Aprendí que no necesitas juguetes elaborados, Mucita se distrae igual con su polilla Lamaze que con un pañal limpio (y seguro también con uno sucio, pero eso no hemos probado). Aprendí que hay un negocio que se llama “Categoría Bebés” y algo tiene que ver con ponerle orejitas a todas las capuchas. Aprendí que mi corazón se hincha cuando ve a mi hija sonreír, que este amor es único, aún mejor, es mutuo y que no lo cambio por nada.

Eso sí. Aún no aprendo a ser madre. Eso, me late, creo no se termina de aprender.